Conversaciones en el andamio: 5.200 km de distancia no bastan. Por Francisco Gómez Valencia

5.200 km de distancia no bastan.

«Me cago en diez José Luis, sobrevivirás unos años bien custodiado por el PSOE allá donde residas este tiempo que te va a caer»

Decía el Pepero Elías Bendodo que el PSOE ayer estuvo desde las diez de la mañana pendiente de todas y cada una de las palabras que el exnúmero 2 del partido socialista y exministro de máxima confianza de Sánchez dijera durante su declaración en el Tribunal Supremo. Creo que don Elías se equivoca. El PSOE como ya defendimos en esta sección de La Paseata la semana pasada, probablemente esté al corriente de toda lo que ayer respondió. 

Recordar que ya expulsado del partido, el PSOE de Pedro seguía pagando a José Luis el abogado, al igual que el mismo Pedro añoraba la amistad de José y así se lo contaban por WhatsApp, por lo que cuesta creerse lo de la contundencia que se defiende desde Ferraz y Moncloa por boca del mismísimo presidente del gobierno el cuál llegó a defender en una entrevista en TVE que apenas conocía a José fuera del ámbito estrictamente profesional. Es sabido y conocido gracias a la prensa de investigación, que ambas familias confraternizaron y eso  no se lleva a cabo si ambas partes no tienen ciertos vínculos extraprofesionales para dar semejante paso es decir, si no existe un elevado grado de confianza labrada y lograda gracias a la colaboración mutua y en el día a día con un único fin, el de lograr o conseguir sus respectivos objetivos. 

5200 Km los separaban ayer.

Ayer día clave en la historia de ambos buenos amigos, les separaba además de una interminable cantidad de kilómetros, una burbuja invisible creada torpemente desde el partido para disolver mediáticamente dicha unión, ergo no merece la pena perder ni un solo instante en escuchar las declaraciones de cualquiera que no sean ellos dos sobre este macabro episodio nacional.

Cierto es que cuando las cosas vienen torcidas, las relaciones humanas se rompen y de ellas no quedan más que rescoldos en forma de recuerdos de todo tipo que muy a menudo atormentan más que reconfortan pero, cuando se habla de poder político al más alto nivel como es el caso, es de rigor dudar de las opiniones vertidas por ambas partes pues son más las cosas a perder que a conservar, o lo que es lo mismo; defender que hubo amistad y compadreo en el sentido que se quiera imaginar es judicial y políticamente nocivo para el poderoso y, letal para el supuesto vulnerable como recién se calificó él acusado y su entorno más personal. Presentarse ambos como víctimas de todo este sainete, como táctica los descalifica para lo que les resta de vida para tomar cualquier decisión que implique gestionar recursos públicos por nimios que pueda resultar. Pues uno demuestra poca o ninguna virtud en general, y el otro además afirma ser un calzonazos, un huevón y un inútil al reconocer con sus patéticas declaraciones, no ser apto para nada que implique gestiones básicas con dinero propio.

Gestionando el dinero público.

No podemos exigir que los cargos públicos sean personas honorables pues que cualquiera tire la primera piedra en la defensa de la ejemplaridad personal, pero no resulta nada fácil otorgar credibilidad a cualquiera de estos dos vividores de lo público. En el caso de Sánchez hablamos de un tipo que vivió de la prostitución y se financió gracias a ella para llegar donde está, pero es que de igual manera tampoco se puede dar crédito a José, pues se beneficio y consumió prostitución habitualmente para satisfacer sus instintos más básicos como así contó su asesor y secretario para todo.

Pedro aceptó esa forma de vida supuestamente por amor como dejó escrito en la primera carta a lo borregos (no recuerdo el versículo,  ya lo siento…), pero es que José defiende que se enamoró perdidamente de una prostituta a la que él supuestamente no mantenía sino que lo hacía su entorno, porque él, acojonantemente”, solo se dedicaba a “pensar” mientras ejercía como ministro de transportes tal y como ha afirmado durante sus declaraciones equiparándose con sus  predecesores. Sin duda este José Luis pertenece más a otro siglo que al presente. ¡Joder José Luis: es que eres un jodido romántico más propio de finales del siglo XVIII que de esta basura de XXI! ¡Me cago en diez José Luis, tú tenías que haber gestionado los estertores del imperio español mientras mantenías a tu puta! En fin, te faltará valor para acabar como hacían los románticos y sobrevivirás unos años bien custodiado por el PSOE allá donde residas este tiempo que te va a caer. Seis, siete añitos cumplirás a la sombra de un total seguramente más cuantioso y pasado ese tiempo, quien sabe, un homenaje por parte del PSOE valenciano, unas conferencias hablando de tú gestión como ministro intachable, unos bolos en las televisiones privadas como tertuliano, y hasta un libro hablando de cómo gestionar los caudales públicos por y para la justicia social y tal.

Kafkiano no, lo siguiente… .

Feliz día de San Ángel y San Hilario.

Españistán a 5 de mayo de 2026.

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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