
«Todo autócrata necesita de medios de comunicación serviles, en los que canallas y aduladores amplifiquen sus órdenes y consignas, silenciando a la vez su apoteósica corrupción»
Todo autócrata necesita de medios de comunicación serviles, en los que canallas y aduladores amplifiquen sus órdenes y consignas, silenciando a la vez su apoteósica corrupción. Estos lacayos cobran por vendernos un producto tan nauseabundo, como su desagradable compañía.
Esplendoroso grupo de indecentes los que componen la patética sinfonía desinformativa del insulso mamarracho, unidos bajo el ronzal de quién los mantiene lustrosos y gorditos, como magníficos rastreros que son. Estos decrépitos mastuerzos son los mismos guarros que acusan de nazis fascistas y agresores, a los que hacen preguntas incómodas a sus capos.
En estos momentos cohabitan tres tipos de prensa, la libre, la equidistante, y la que viste rodilleras cabestrillos y bótox en el cerebro. Siempre elegantísimos estos últimos, en su repugnante sordidez.
Mientras los medios libres se ven acosados vilipendiados y amenazados por las piaras del gran felón, los que glorifican las andanzas gansteriles de quién les echa de comer, vitorean y aclaman a quién les procura paja limpia, y heno fresco en sus fastuosas cochiqueras.
Cuando aún resuenan en nuestros oídos aquellos berridos de ¡Coronavirus oeee, coronavirus oeee! Más nos revienta que aquel fantoche ridículo, sea el mascarón de popa que más cobra de la pandilla basura que atiborra la televisión irracional.
A su vez, la prensa equidistante, la eternamente melindrosa, la que coquetea con la sincronizada, ejerce su labor sin que se note, traspase o ensucie su habitual cobardía, es decir, viste su inutilidad con exquisita mediocridad, digna de tan inservibles vacuos.
Los partidarios del autócrata, son los mismos mastuerzos que llaman fachas a los que denuncian sus embustes, las mismas mostrencas que vociferan las estupideces que reciben de sus comisarios políticos, vía WhatsApp. Patéticos teleñecos, estafermas herrumbrosas, las que gruñen como cochinas sus ininteligibles chillidos ante cualquiera que se atreva a decir libremente, lo que piensa sobre su excelencia el intrépido indecente.
Nunca tan nimias cucarachas optaron a tanto, nunca tantas descocadas llegaron a soñar con rebozarse como vulgares cerdas en la inmundicia gubernamental. Es su opción, tan recomendable como rebanar la libertad a quienes osen llevarles la contraria.
Nada más desvergonzado que ver como estos acróbatas de la impudicia enarbolan su atolondrara insolencia para destacar como atildados puercos, incluso alguna de ellas, se arroga el increíble derecho a ser la más vituperada. El día que descubran que sus carreras solo han servido para quedar como auténticos palurdos, habrán dado el primer paso para convertirse en aspirantes a gañanes. De momento ejercen como borregazos en redil, donde la oveja mocha viste cuernos como la víbora del Gabón.
Nada más procaz que oír a una descarada incapaz, denunciar al que opina distinto, llamando desaforadamente nazi a los que piensan por sí mismos. O fascista, a todo lo que se mueve lejos de su habitual pocilga doctrinal. O franquistas, a los que les demuestran a diario que, en lo principal, en lo sustancial, en lo verdaderamente importante, cualquier tiempo pasado fue indiscutiblemente mejor. Esta energúmena solo utiliza su inteligencia para masticar, sorber miccionar o defecar, como aspirante a ser nombrada la estúpida más vulgar, del reino mineral.
Insufrible recua compuesta de valerosos mearras, ampulosos cretinos, sonrientes majaderos, sempiternos estúpidos, todólogos macarras, gorilescos indecentes, y un larguísimo corolario de basurientos mindundis. Desde que su führer convirtió la nación en un gigantesco burdel, cualquiera puede postularse como periodista, jurista, proxeneta, catedrática, o director general, tan solo hace falta ambición y, saber tocar la zambomba del que dirige el orfeón gubernamental.
Despreciadísimos milicianos, habéis cruzado el límite sin que nadie os haya contestado como merecéis. Sois la flora fecal que crece a los pies de los puteros, la mugre apestosa que justifica y blanquea las acciones delictivas de quién os echa de comer, hasta ese punto de degradación habéis llegado. A mi juicio solo os falta defecar en directo, en diferido algunos de los vuestros lo han hecho ya.
Entendéis más de profilácticos que de moral, más de gramática parda que de democracia. Desde siempre confundisteis vuestro trabajo, como útil indispensable para agradar al gran cabrón, lamento deciros que no habéis fracasado, sois lo que parecéis, magníficos jabalís estabulados.
Nunca fuisteis de fiar, actuasteis siempre como chequistas profesionales, cambiando las clases de ética decencia, y dignidad, por poder morder la almohada del que os puso a servir en su albañal. Habéis injuriado a muertos y vivos, todos ellos grandes españoles, incluso les habéis marcado como seres a exterminar. Nadie como vosotros, rufianescos personajillos, merecen tanto pasar al inventario de la basura a reciclar.
Lleváis ya tiempo poniendo dianas en las cabezas de muchos profesionales, esperando como puñeteros cobardes a que uno de vuestros matones en nómina, agreda o mate, a quién señaláis. Eso solo puede significar lo que siempre pensamos, y muchos de vosotros admitisteis al amparo de una raya de cal, añoráis a ETA, cómo ETA añora los tiempos donde al opositor se le eliminaba de dos tiros en la nuca.
Contáis con la deferencia del puto amo, al que debéis sumisión para que financie vuestras fastuosas pocilgas mediáticas. Qué no falten recursos para lubricar vuestras feas bocazas, ni alpiste para que graznen las insufribles cotorras de vuestras televisiones. Sobre este particular podría decirse y digo, que nadie cayó tan bajo como vosotros, ni se hizo tan merecedor a la burla y al escarnio, como la brigada de mamertos (versión colombiana) que pueblan vuestras televisiones.
Gran circo el “Progresista”, en el que solo falta un paredón como el de Paracuellos, dos checas de tortura como la socialista de Bellas Artes, tres zulos como los de Otegui, cuatro verdugos como Atadell o Sandoval, cinco cárceles como La Modelo o el Helicoide, seis socialistas con pistola al cinto como Indalecio Prieto, siete jueces ad hoc, para indultar, ocho iglesias para incendiar, nueve bancos para asaltar y diez putas para fornicar como buenos socialistas que sois.
Crónicas cáusticas, crónicas corrosivas, crónicas de las de verdad.
¡VIVA LA LIBERTAD!
¡¡VIVA POR SIEMPRE ESPAÑA!!

