Pongámonos de acuerdo en qué es la igualdad, pues si la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no es que toda la vegetación esté enrasada, una sociedad de hierbas largas y de robles bajos; un vecindario de envidias que se castren entre sí; es, en el ámbito civil, que todas las aptitudes tengan las mismas oportunidades; en el ámbito político, es que todos los votos valgan lo mismo; en el ámbito religioso, es que todas las conciencias tengan los mismos derechos. La Igualdad tiene un órgano: la instrucción gratuita y obligatoria. El derecho al alfabeto, por ahí es por donde hay que empezar. La escuela primaria obligatoria para todos; la escuela secundaria brindada a todos, ésa es la ley. De la escuela idéntica sale la sociedad igual. ¡La enseñanza, sí! ¡Luz! ¡Luz! Todo viene de la luz y todo va a la luz. Ciudadanos, el siglo XIX es grande, pero el siglo XX será feliz. Y ya no pasará nada que tenga que ver con la historia vieja; no tendremos ya que temer, como ahora, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad a mano armada de naciones, una interrupción de la civilización que depende de un matrimonio de reyes, de un nacimiento en el seno de las tiranías hereditarias, de un reparto de pueblos obra de un congreso, de un desmembramiento porque se hunda una dinastía, de un combate entre dos religiones que choquen de frente como dos carneros del reino de la oscuridad, en el puente de lo infinito; no tendremos ya que temer la hambruna, ni la explotación, ni la prostitución fruto de la desesperación ni el desvalimiento, ni la miseria fruto del paro, ni el patíbulo, ni la espada, ni las batallas, ni todos los robos de salteador del azar en el bosque de los acontecimientos. Casi podríamos decir que ya no habrá acontecimientos. Los hombres serán felices. El género humano cumplirá su ley como cumple la suya el globo terrestre; se restablecerá la armonía entre el alma y el astro; el alma gravitará en torno a la verdad igual que el astro en torno a la luz.
Víctor Hugo, Los miserables

«Miserables los que desean cercenar las libertades, poner el foco en la vigilancia masiva con la excusa de la protección y el interés general, al tiempo que buscan su propio amparo»
Pido disculpas por la larga cita, primero, a don Manuel Artero, editor de esta revista. Y si alguno de nuestros amables lectores ha notado mi ausencia de estas páginas desde hace unas semanas, sepan que causas ajenas a mi voluntad me tienen a medio gas. Aún no del todo entonada, me pueden, sin embargo, las ganas de acometer en singular combate incluso maltrecha, como un Quijote que —apenas puesto en pie— quisiera lanzarse ya por esos mundos de Dios a desquitarse de injusticias a mandobles. Nuestra actualidad es pródiga en materiales a los que hincarles el diente. Así que he decidido que mi retorno comience por enmendarle la plana al mismísimo Victor Hugo, uno de los gigantes de las letras francesas. Este notable, a pesar de su lucidez, se equivocó del todo al vaticinar una suerte de felicidad universal auspiciada por la instrucción pública, de la que se derivarían, en cascada, sus beneficiosos efectos en forma de paz, justicia y felicidad. ¡Bendito siglo XX aquel que alumbró su mente! Pero, por desgracia, en cambio dio como fruto dos devastadoras guerras mundiales, y multiplicó los focos de conflicto por todo el orbe.
No puedo acusar al genial escritor de ingenuidad. Yo misma —en años no tan juveniles como para pecar de ella— soñaba con ver el punto final de muchos de los problemas que no solo no han desaparecido, sino que se han agravado. Se diría que el de Hugo y el mío fuese el mismo optimismo contagioso de las Naciones Unidas al redactar los Objetivos y metas de desarrollo sostenible. Estamos a años luz de conseguir tales bondades, siendo honestos. Incluso con miras y límites menos ambiciosos. Pues si nos arrimamos a lo de hoy mismo, circunscrito a nuestro propio entorno, la disonancia cognitiva entre la palmaria realidad social y lo que el poder proclama es un hecho. De igual forma sucede en cualquiera que sea el territorio y el signo político donde depositemos nuestra atención [1]. Así, con la arrogancia ensayada después de muchos años, alguno de aquí —por no nombrarlo— se ha atrevido a decir: «Yo reflexiono, reflexiono, reflexiono y yo creo, sinceramente, después de mi reflexión, (…) que España lo que necesita son ocho años más de Gobierno progresista» [2]. Porque, en palabras de otro, también nacional —Óscar López, ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública—, el presidente “se ha convertido en un referente mundial”y que hoy posee “una voz potente en el mundo”. El mismo añade que el Gobierno debe mantenerse “firme” para “defender la democracia, el feminismo, los derechos y la justicia social” [3]. La visión entre lo que el Número 1 piensa y sus acólitos sostienen difiere bastante cuando se contrasta con los medios foráneos [4]. En Francia, Le Point no se esconde en su titular: La España de Pedro Sánchez, una bomba de relojería.
A la vista de los acontecimientos que saturan los medios, de la parca felicidad que ofrecen, puede deducirse que cuando los asuntos van mal para muchos, a otros les va bien [5], y sacan provecho de ello. Los contrastes son palmarios. Salarios que no crecen [6] mientras la deuda pública sigue disparada como un cohete [7]. En el ámbito educativo, lideramos la exportación de titulados superiores [8]; pero, a su vez, aumenta significativamente el número de universitarios que no asisten a clase [9]. Asimismo, el problema de la vivienda se ha convertido en uno de los temas más preocupantes [10]. En cambio, se abre la puerta a la regularización descontrolada de inmigrantes [11]. Para colmo, también se pronostica un aumento de la conflictividad y de la delincuencia [12], aunque no interese admitirlo.
¡Miserables! Sí. Pero no los que sufren la miseria, sino los que la propagan. Miserables todos los que aquí o allá se lucran o dejan hacer, incapaces de enfrentar tanta injusticia para remediarla. También miserables, sí, quienes, desde la tribuna que usurpan, defienden —con argumentos falaces y manifiesta mala fe— que los demás sean comprensivos con la pobreza, que la compartan e incluso la vivan. Tal vez, entre líneas, sugieren que la sociedad se resigne a las consecuencias traídas por las nuevas violencias, a los asaltos a la propiedad o de los cuerpos de sus criaturas. Miserables desgraciados, los líderes que arrastran al fracaso a generaciones enteras, sometidas a una creciente incertidumbre [13] y dependencia, bajo la forma de dádivas encubiertas [14]. Más miserables aún, si cabe, por su atroz falta de misericordia, las supuestas autoridades que —desde un marco común— exigen sacrificios [15]. Que sueñan con una guerra propicia únicamente para sus inversiones y componendas [16]; mientras, con machacona insistencia, instalan en las mentes de los ciudadanos la inevitabilidad de un porvenir asolado, regado de sangre joven. Y miserables los que desean cercenar las libertades, poner el foco en la vigilancia masiva con la excusa de la protección y el interés general [17], al tiempo que buscan su propio amparo. Malditos todos ellos. ¡Miserables!
NOTAS________
[2] Sánchez descarta un adelanto electoral y apuesta por ocho años más de Gobierno progresista
Cómo ve la prensa extranjera a Pedro Sánchez tras sus alianzas y decisiones políticas
[6] El estancamiento salarial de España en una gráfica: los países del Este empiezan a superarnos
[7] La deuda de las Administraciones Públicas se situó en enero de 2026 en el 100,8 % del PIB
[10] El mercado de la vivienda residencial en España: evolución reciente y comparación internacional
[11] Regularización Extraordinaria 2026 España: Requisitos, Documentos y Plazos
[12] Delincuencia y violaciones en España 2026Delincuencia y violaciones en España 2026
La delincuencia en España ha mostrado tendencias mixtas en los últimos años, con un aumento en ciertos delitos y una disminución en otros. Se espera que el cibercrimen continúe siendo un desafío significativo, pero también se anticipa que los delitos tradicionales se adapten y fusionen con nuevas tecnologías, creando híbridos delictivos que requerirán respuestas innovadoras. Para finales de 2026, se proyecta que el cibercrimen seguirá siendo el principal desafío, pero los delitos más graves, como homicidios y asesinatos, seguirán creciendo.
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[15] Alemania: Merz anuncia un plan de austeridad social para financiar el rearme
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