¿Vivir en España? Un lujo que cada vez menos españoles nos podemos permitir.
«Si no reaccionamos pronto para recuperar el sentido común y la defensa de lo nuestro, el «lujo» de vivir en España será solo un recuerdo en los libros de historia»
Estimados lectores y amigos,
Confieso que cada vez en más situaciones y circunstancias adversas me he planteado si vale la pena “mal vivir” en España, mi patria; sí, la patria donde nací y crecí, constituida ab initio como mi madre patria a la que me une el ius sanguinis de mi árbol genealógico. Aquella por la que lucharon mis abuelos en las trincheras frente a los enemigos invasores; aquella que se levantó aquel glorioso Dos de Mayo frente al invasor francés. Sí, aquella que un día fue un imperio donde no se ponía el sol: aquella, en definitiva, que fruto de la unión de la Corona de Aragón y la de Castilla dio lugar a la nación más antigua del mundo. Siglos antes, ya fue ensalzada por la famosa “Laus Hispaniae” de San Isidoro de Sevilla, obispo que presidiera el IV Concilio de Toledo allá en el año 633 d.C., y que escribía en el 625 d.C.:
“¡Oh, España! La más hermosa de todas las naciones que se extienden desde Occidente hasta la India. Tierra bendita y feliz, madre de príncipes y de pueblos. De ti reciben la luz el Oriente y el Occidente. Tú, honra y prez de todo el orbe; tú, el país más ilustre del globo. No hay en el mundo región mejor situada. Ni te abrasa el estío ni te hiela el rigor del invierno, sino que, circundada por un clima templado, te nutren céfiros blandos. Cuánto hay de fecundo en los ejidos, de precioso en las minas y de provechoso…”
Sin embargo, hoy esa fecundidad y esa honra parecen diluirse tras entregarse de lleno al nuevo orden globalista económico y a los dictados de la Agenda 2030, en los que convergen PP y PSOE, tanto en España como en Europa.
Desde la instauración del nuevo régimen oligárquico por el poder y gracia de la Ley Orgánica de Régimen Electoral —que ha posibilitado la alternancia al estilo del S. XIX, como ocurriera con Cánovas y Sagasta, pero ahora con el agravante de depender de partidos separatistas con escasa proporción de votos—, España ha mutado a un Estado que olvida su compromiso con el binomio NACIÓN-PATRIA. Tanto el PP como el PSOE, en sus supuestas luchas por el Estado del Bienestar, no en vano lo destruyeron. Paradójicamente, el verdadero bienestar de las familias españolas se consolidó con las políticas sociales y económicas de los años 65 a 77. En aquellos años, una familia podía vivir cómodamente en España con un salario y tener hijos; acceder a una vivienda digna, comprarse un coche e, incluso, pasar unas relajadas vacaciones en la playa. Fueron los años en los que nacieron los «baby-boomers», aquellos años en que, sin internet ni videojuegos, conocimos a Fofó y no nos perdíamos “Había una vez un Circo”.
Lo que nunca pensé es que llegaríamos a ver el Parlamento convertido en un Circo, como hoy, con el gobierno Frankenstein, o presenciando la inauguración del año judicial con un Fiscal General del Estado procesado y después condenado a inhabilitación especial para el cargo que desempeñaba. Sin embargo, tampoco pasa nada sino se cumples las sentencias, ya que el mismo inhabilitado se encuentra ejerciendo de fiscal de sala en el Tribunal Supremo. Es que parece que ya nada importa. Dentro de poco ya nadie se acordará de las muertes de Adamuz, como de las víctimas de ETA o de la DANA, a excepción de sus familiares.
Y mientras la clase política convierte las instituciones en un espectáculo grotesco, la realidad material de los españoles se desmorona silenciosamente. Esa «convergencia» entre derechas e izquierdas no se limita a la ideología, sino que se traduce en un desmantelamiento sistemático de nuestra soberanía económica. Lo vemos en la defensa cerrada que ambos bloques hacen de una globalización desbocada y de tratados como Mercosur; una auténtica sentencia de muerte para nuestro sector primario. Nuestros agricultores y ganaderos, asfixiados, ven cómo sus productos son sustituidos por una competencia desleal extranjera que no cumple nuestras normativas sanitarias ni laborales, todo bajo el amparo de quienes deberían proteger nuestra tierra.
Vivir en España se ha convertido, efectivamente, en un lujo inalcanzable
Vivir en España se ha convertido, efectivamente, en un lujo inalcanzable. La presión fiscal confiscatoria, unida a una inflación galopante, está triturando a las clases medias y trabajadoras, aquellas que levantaron el país y que hoy ven cómo su poder adquisitivo se evapora. Ya no se trata de «vivir cómodamente» como en aquellas décadas pasadas; hoy, para muchos, se trata de mera supervivencia, donde llegar a fin de mes es una proeza.
El resultado de este expolio es la tragedia de nuestra juventud. Nuestros hijos, la generación mejor formada, se ven abocados al exilio forzoso, emigrando en busca del empleo y la dignidad que su propia patria les niega. Y aquí radica la suprema incoherencia de este delirio político: mientras España se está quedando sin españoles, el gobierno de Sánchez pretende regularizar a medio millón de inmigrantes irregulares, actuando incluso en contra de las directrices que marca Europa.
La clase media se hunde.
Parece que el plan es sustituir a los nuestros, forzados a irse, por una inmigración masiva y descontrolada, convirtiendo nuestra nación en un simple territorio de servicios y un escenario vacacional para rentas altas, mientras los nativos son empujados a la precariedad. Si no reaccionamos pronto para recuperar el sentido común y la defensa de lo nuestro, el «lujo» de vivir en España será solo un recuerdo en los libros de historia.
Licenciado en Derecho y Diplomado en RRLL (Graduado Social). Programa Superior de Práctica Jurídica Forense y Asesoría Jurídica (ICIDE- centro homologado por el CGAE), obteniendo el certificado CAP (Consejo General de la Abogacía Española). Máster en Mediación Familiar, acreditación oficial homologada por la Junta de Andalucía e impartida por el ICIDE. Postgrado en Mediación Civil y Mercantil por la Universidad CEU San Pablo. Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales (Especialidades en Seguridad en el Trabajo y Ergonomía y Psicosociología Aplicada). Medalla de plata al mérito profesional otorgada por el Colegio Oficial de Graduados Sociales de Sevilla y colectiva al Mérito al Trabajo, categoría de oro. Letrado del turno de oficio del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla. Graduado Social colegiado del Excmo. Colegio Oficial de Graduados Sociales de Sevilla y vocal del consejo de redacción de la revista 'Justicia Social' del referido colegio. Tutor-colaborador de prácticas externas de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla desde 2010, colaborando con los departamentos de Derecho Civil y Penal y Procesal en la impartición del practicum.
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