
«Acaso en este mundo de alta cultura, lo que quizá no sea tan habitual es la figura -por minoritaria- del matador que combina el estoque, el pincel y la pluma»
Algo tendría que hablar (veremos a ver) sobre José Antonio Martín Otín en una próxima columna, apuntando de momento el dato solo de mostrar la rareza de que Petón, hombre del fútbol, sea en ese envés de la vida y de la personalidad un curioso escritor. Lo es, también otro aragonés, quien fuera jugador del Real Zaragoza, Miguel Pardeza.
Digo esto para hacer ver que la devoción profesional y artística adquiere en ocasiones una faceta bifronte que en estos tiempos de especialización causa asombro en unos e irritación en otros. Antes, en tiempos de Franco (con perdón), un dentista era médico. Ahora, si uno es médico ya no puede ser dentista y si dentista ya no médico. Si un encofrador pretende alicatar una cocina, enseguida el gremio de alicatadores se le echará encima y lo mismo le sucederá al instalador de pladur que intente lucir una pared con yeso.
Yo había leído hace mil años algún artículo de Luis Francisco Esplá, tan bien escrito que hube de comprobar si la autoría era obra del diestro alicantino. Mira que ya el mismísimo Ignacio Sánchez Mejías combinaba el difícil oficio del toreo con los quehaceres propios de pintores y poetas.
Pues hete aquí que en el maestro Esplá fluyen y confluyen esos aspectos (por otra parte abrochadísimos al arte de Cúchares) de la pintura y la literatura. Acaso en este mundo de alta cultura, lo que quizá no sea tan habitual es la figura -por minoritaria- del matador que combina el estoque, el pincel y la pluma. No sólo será poco habitual sino rara avis y por ello se celebra justamente esa lidia en solitario a la que se enfrenta ahora Luis Francisco Esplá, como si se tratara de un festejo extraordinario de la feria de San Juan y de San Pedro.

Tendido Cero, el programa de Televisión Española que sobrevive asombrosamente al envite antitaurómaco y antitaurológico, entrevistó al torero levantino con ocasión de la exposición que sobre su figura se da estos días en el edificio de Correos de Alicante. A mí siempre me ha llamado la atención lo bien que hablan los toreros; pero en el caso de Esplá es enriquecedora la experiencia de escuchar el aplomo, se serenidad y la exactitud con que se dirige al espectador. Y a uno le gustaría acudir hasta Alicante sólo por pasear por las viejas estancias postales, plagadas de objetos, carteles, pinturas sobre la tauromaquia y el toro, ese animal metamitológico antes de que le cuenten que todo ello es hijo de un hombre menudo, ya algo viejo (quien tantos quites diera a la muerte), dejando el burladero gramaticalmente sustantivo.
Y como una cosa lleva a la otra he hallado una conversación de hace unos años entre él y Federico Arnás a propósito de Joselito. Y que a Joselito no le importaba lo literario -dice Esplá-, que no tenía aristas exóticas fuera del ruedo”. Y así huía de las reuniones en el Lion d’Or de Madrid con los intelectuales porque tenía ya “su” Lhardy y sólo le importaba el toreo.
Yo compré en Valencia el libro de poesía taurina de Rafael Duyos que editara la Diputación y mantuve tuve por largo tiempo el precinto de celofán. No sé si algo tiene que ver con la actitud del Gallo eso que parece un desdén por algún aspecto que no interesa o puede esperar. Si aquel poemario permaneció inerte en el anaquel, ya se comprenderá que Joselito el Gallo tuviera ese gusto por el caldo de Lhardy y no por alternar “con la crema de la intelectualidad”, como dijo tiempo después el maestro Agustín Lara.
Sea como fuere, qué reconfortante es el encuentro humano con estos personajes de nuestro tiempo… Pero qué lástima es no poder acudir en Alicante a esa cita con la espada, el pincel y la pluma de Luis Francisco Esplá.

