
«El mundo está lleno de “pelotas”. Viven arrastrándose alrededor de los líderes y no dudan de cambiarse de chaqueta cuando es preciso»
Nos encontramos con los “pelotas” a todos los niveles. Comenzando por los altos dignatarios políticos y acabando por el humilde empleado que hace la rosca al que detenta el poder.
El pelota nunca llega a destacar en ninguna de sus actividades, pero no duda en hacer o deshacer cuanto sea necesario para mantener el status, el puesto, o el lugar cercano al peloteado.
Lo podemos observar en la parafernalia que rodea al “señor de los dólares y la preponderancia”. Su actual presencia en Turquía se desarrolla en medio de un desfile propio de las “Mil y una noches” o del Foro romano. Le ha faltado la cuadriga. A su paso no se ven niños ni ciudadanos corrientes aclamándolo. Solamente armas, muchas armas, que quizás les han vendido previamente los americanos.
Después viene la foto de familia, (mal avenida). En el centro el nuevo gran dictador mundial y alrededor todos los pelotas riéndole las gracias y suplicándole perdón por no haber hecho bien los deberes, (comprarle armas en cantidad).
Espero que pronto acabe el suplicio de ese mandamás prepotente, que nos está haciendo pasar el quinario al resto del mundo entre el aplauso de los países pelotas interesados en lograr el aprobado de su gestión ante el gran Pope.
A otro nivel nos encontramos con los políticos y periodistas pelotas españoles. Se trata de una casta de “escribidores y tertulianos” sin criterio, que solo se preocupan de transmitir la voz de su amo. ¡Qué poca personalidad! y que escasa dignidad.
Creo que en las Universidades deberían crear una cátedra del peloteo para dar entidad a una profesión que se adquiere de forma patatera, basándose en la poca dignidad y la escasa vergüenza. De momento se apañan con el servilismo. Después… a arrimarse en la foto.

