
«Aunque Macarena es un nombre que se da mucho, el de Macrina se da poco, pero también hay personas que lo llevan y lo honran, siendo el origen del anterior»
El nombre de la Macarena proviene de una importante santa de la Iglesia Oriental, Santa Macrina, madre y abuela de santos importantísimos en la Iglesia, comunes entre Roma y las iglesias orientales. Por un cambio en el sonido, en asimilación fonética, el nombre de Macrina terminó transformándose en Macarena. Por supuesto, el origen del barrio y de la Virgen tienen vínculos directos con esta histórica figura religiosa.
Aclaremos que hay dos santas del mismo nombre Macrina la Mayor y Macrina la Joven.
Hablamos de una familia ilustre de Cesarea de Capadocia, donde la matriarca, Santa Macrina la Mayor, fue madre de San Basilio el Anciano o el Mayor y abuela de San Basilio el Grande, Padre de la Iglesia, de San Gregorio, obispo de Nisa, de Santa Macrina la Joven, de San Pedro de Cesarea, de San Neucrasio y de Santa Teosebia, todos del siglo IV.
Basilio el Mayor, hijo de Macrina la Mayor, marchó con su familia a las costas del Mar Negro durante la persecución de los cristianos en los tiempos del emperador romano Galerio. Versado en derecho y buen orador, destacó por su virtud. Casó con Emilia o Emmelia, perteneciente a una rica familia y se estableció en Cesarea. Allí, él y su esposa, con la ayuda de su madre, formaron una familia que sería muy importante en la historia del primer Cristianismo. De sus nueve hijos, que según algunas fuentes fueron diez, cinco de ellos son recordados por su nombre y se consideran santos: Basilio el Grande, Gregorio de Nisa, Pedro de Sebaste, Naucracio y Santa Macrina la Joven. Tras su muerte, en las tierras familiares se formó una comunidad monástica para mujeres vírgenes.
El propio origen de la hermandad de la Esperanza, como corporación de gloria, arranca, y no es casual, en el convento de San Basilio de la calle Relator, donde era venerada esta santa tan singular. Se llamaba así tanto la abuela como la hermana de San Basilio, santo titular del centro religioso, fundado el año 1593 por el comerciante griego asentado en Sevilla, Nicolao Triarchi. Puede que la ubicación del convento se fijase intencionadamente en la demarcación señalada por la tradición religiosa con Macrina. La toponimia rural de los campos cercanos a la Macarena dejó inmortalizada su memoria. Uno de los cordeles, o antiguo camino rural tal como se llamaba a los caminos y senderos de las huertas, ha sido conocido hasta no hace mucho, como el de Santa Macrina, y se ubicaba cerca del actual espacio de la Basílica de la Macarena y la zona de la Rinconada. Este camino dio nombre, según la tradición, a la famosa Virgen de la Macarena, quizá en honor de algún ermitorio, basílica o viejo monasterio de los que existieron cerca de la urbe hispalense, antes de que los árabes ocupasen el territorio. San Leandro, pilar de la Iglesia sevillana y hermano de san Isidoro, San Fulgencio y Santa Florentina, con antelación a su acceso a la sede hispalense, como obispo, profesó en uno de ellos. También, su hermana citada, Florentina, llegó a ser abadesa de otro. Como pasó en el caso de las mártires hispanoromanas Justa y Rufina, el pueblo de Dios no olvidó el culto rendido a Macrina.
La histórica relación de su nombre con el entorno rústico pudo haber motivado la consiguiente denominación del barrio. Por asimilación fonética, Macrina terminó evolucionando en Macarena, nombre que ya podría haber sido usado incluso en el periodo de dominio musulmán. A esto hay que añadir que la imagen de la santa, tallada en madera, y que tantos años estuvo venerándose junto a la Virgen de la Esperanza, también acabó influyendo en el diseño de la hermosísima dolorosa del Siglo de Oro sevillano.
La religiosidad popular sevillana encontró en el convento de San Basilio, durante una primera etapa, la cuna que sirvió de sede canónica para algunas cofradías penitenciales, como las de la Esperanza Macarena o la Cena. La primera se constituyó en 1595, mientras que la otra no llegó a establecerse en los ‘basilios’ hasta el año 1621, una vez fusionada ya con la de la Humildad y Paciencia. No cabe duda de que los distintos centros benéficos asistenciales cercanos a su entorno, como los hospitales de San Lázaro y las Cinco Llagas, favorecieron la devota práctica de la penitencia y la caridad. Esta de la Esperanza realizó su primera salida procesional el Viernes Santo de 1624, aunque pronto pasaría a hacerlo de madrugada.
Pero retornemos sobre Santa Macrina y el icono familiar, y sepamos quién es quién en el mismo.
Capadocia es una región semiárida en la Turquía central, al noroeste de Siria actual, conocida por sus características “chimeneas de hadas”, unas altas formaciones rocosas con formas cónicas que se agrupan en el Valle de los Monjes, Göreme y otros lugares próximos. Otros territorios destacados incluyen las casas de la Edad de Bronce que los habitantes de las cuevas esculpieron en las paredes de los valles y posteriormente usadas como refugios por los primeros cristianos. El Cañón de Ihlara, de 100 m de profundidad, alberga numerosas iglesias construidas en la roca.
En el icono se representa la familia de San Basilio el Grande, una famosa familia ilustre de Capadocia del siglo IV conocida por tener múltiples miembros canonizados. Una familia ilustre de Cesarea de Capadocia, donde la matriarca, Santa Macrina la Mayor, fue madre de San Basilio el Anciano y abuela de San Basilio el Grande, padre de la Iglesia, de San Gregorio obispo de Nisa, de Santa Macrina la Joven, de San Pedro de Cesarea, de San Neucracio y de Santa Teosebia, todos ellos del siglo IV.
Santa Macrina la joven, virgen, fue la hija mayor del obispo San Basilio el Teólogo y la diaconisa Santa Emmelia cuya fiesta de ambos se celebra el 30 de mayo. Sus abuelos fueron San Basilio el Viejo y Santa Macrina la Anciana o la Mayor, ambos celebrados el 14 de enero. Educada en la piedad cristiana por sus padres, desde muy niña fue ejemplo y modelo, y al fallecer su padre, que había concertado un matrimonio ventajoso para ella, hizo voto de virginidad y junto a su madre se dedicó a educar a sus hermanos, San Basilio Magno (2 de enero y 14 de junio), San Gregorio de Nisa (9 de marzo) y San Pedro de Sebaste (9 de enero). Junto a su madre, fundó un monasterio femenino en su propia casa de la región del Ponto, para el cual su hermano Basilio escribió la regla que debían seguir las vírgenes que allí se recluyeron.
Sucedió que Macrina la joven sufrió la afectación durante mucho tiempo de una llaga gangrenosa que llevó en absoluto silencio y humildad durante mucho tiempo, hasta ser curada milagrosamente cuando Emmelia, su madre, trazó la señal de la Cruz sobre dicha llaga. Sanó y solo quedó como testimonio un pequeño punto negro. Después de la muerte de su madre, Macrina repartió todos sus bienes entre los más necesitados y junto a sus religiosas comenzó a vivir del trabajo de sus manos, siguiendo la norma extendida en otros monasterios y seguida sabiamente por los eremitas. Basilio murió en 379 y Macrina enfermó gravemente a finales de ese mismo año. Avisado su hermano Pedro de Sebaste, fue a visitarla y la halló agonizante a causa de fuertes fiebres, consumida y tendida humildemente sobre unas tablas a modo de camilla. Ella le recibió con alegría y él le consoló predicándole sobre el amor de Dios, los premios de la vida Eterna. Así, luego de hacer la señal de la Cruz, falleció plácidamente y en paz.
Era tal la sencillez y austeridad del monasterio, que no se encontró nada para cubrir el cadáver, aparte del mismo velo de Macrina, pero su hermano Gregorio, presente en el entierro, le puso su propia capa episcopal y su propia Cruz, en la que había una partícula de la Vera Cruz. La celebración del sepelio fue solemne, con la asistencia de varios obispos, monjes y monjas. Fue enterrada en la Iglesia de los Santos Cuarenta Mártires de Sebaste, en la misma tumba de su madre. Venerada por todas las Iglesias, su memoria es muy estimada por los orientales, que la consideran como modelo y madre del monacato femenino. Lo más extenso que de su vida se tiene por seguro es la vida que escribió su hermano Gregorio y el sermón de su funeral, que también se conserva.
Tanto la Iglesia Ortodoxa como al Iglesia Romana, ambas católicas, conmemoran y celebran a Santa Macrina la Mayor, madre de San Basilio el Grande y abuela de una generación de santos que marcaron profundamente la historia del cristianismo. Su vida familiar es un enorme y claro ejemplo de cómo un hogar consagrado a Dios puede convertirse en una verdadera escuela de santidad.
Durante las persecuciones del siglo IV, Santa Macrina y su esposo padecieron necesidades, hambre, exilio y grandes tribulaciones, refugiándose durante años en la profundidad de los bosques para escapar de quienes perseguían a los cristianos, y a pesar de todo y medio del sufrimiento, jamás abandonaron la Fe en Cristo.
Con delicado amor, sabiduría y oración, Santa Macrina formó espiritualmente a sus hijos y nietos, entre ellos San Basilio el Grande y San Gregorio de Nisa, grandes defensores de la Fe y auténticas luminarias de la Iglesia. Su trayectoria vital nos recuerda que la santidad nace en la familia, en la oración diaria, en la enseñanza de la Fe y en el ejemplo vivido con sencillez, humildad y perseverancia.

En este icono, conocido como ‘La Sagrada Familia de San Basilio el Grande’, vemos, de izquierda a derecha, y desde abajo, en la primera fila encontramos vemos a San Pedro de Sebaste, también hermano de Basilio que alcanzó la santidad, San Basilio el Grande, uno de los obispos y teólogos más influyentes considerado Padre de la Iglesia, San Basilio el Viejo, maestro y abogado muy respetado por su Fe, San Gregorio de Nisa, hermano de Basilio y también importante teólogo y Padre de la Iglesia.
En la segunda fila encontramos a Santa Teosevia o Teosebia, con sus manos abiertas en actitud orante, San Naukratios o Neucracio, ataviado como monje, Santa Emmelia o Emilia de Cesarea, con la Cruz del martirio en su mano derecha, madre de la familia, conocida como ‘la Madre de los Santos’, por haber dado a luz a varios hijos que se convirtieron en figuras clave de la Iglesia, y en la cúspide genealógica encontramos a Santa Macrina la Mayor, figura central del icono, también con la Cruz en su mano derecha y la mano izquierda abierta en significación de justicia, verdad, sinceridad y ausencia de malos pensamientos.
Sobre los santos ubicados en la parte inferior vemos los símbolos como obispos, tres de ellos, llevan las Escrituras en su mano izquierda, los dos primeros con la mano derecha se presentan como oradores, en señal de bendición pastoral, sosteniendo los Evangelios, y el tercero y cuarto señalan las Sagradas Escrituras con su mano derecha.
Como obispos llevan el Omophorion u Omoforio, una banda ancha y larga decorada con cruces, se corresponde con el Palio de la Iglesia Romana, es una banda de seda o terciopelo alrededor de quince centímetros, curvados en el centro para que pueda girarlo detrás del cuello y apoyarlo en los hombros y dejar caer los extremos en el pecho. Representa la oveja descarriada que el Buen Pastor carga sobre sus hombros, es el símbolo principal del rango episcopal. Llevan el Sakkos o Sacos, es decir la túnica imperial, que originalmente era reservada al emperador bizantino. En la iglesia, simboliza la túnica púrpura de burla que vistió Cristo antes de su crucifixión. También vemos el Epigonation, una pieza de tela rígida en forma de rombo que cuelga a la altura de su rodilla derecha que representa la «espada del espíritu», que es la Palabra de Dios.

