
«El artículo de Rajoy ha levantado ampollas en el país vecino y ha vuelto a perjudicar a su partido, dando pie a que entre en el juego el enemigo político»
Que no se molestan mis buenos amigos funcionarios, a los que no aplica lo que voy a decir, siempre he mantenido que el simple hecho de sacar una oposición de primer nivel no era sinónimo de inteligencia sino, en muchos casos, más bien de constancia y, en no pocos, de una muy buena memoria. Y digo era, porque me temo que hoy, como en casi todo, salvo en lo tecnológico, también algunas de esas prestigiosas oposiciones hayan seguido la deriva natural del sistema.
Dos cualidades, inteligencia y memoria, que no siempre van parejas, aunque si son complementarias el resultado es un éxito seguro, y mucho más si van acompañadas de la tercera citada, la constancia, que también no pocas veces desaparece, o esa impresión da, cuando se consigue la seguridad de la plaza vitalicia. Algo que también convendría revisar, pero ya lo he tratado otras veces y no es el tema al que me quiero referir ahora.
Refuerza mi primera afirmación la inoportuna metedura de pata de Mariano Rajoy, en esa nueva faceta, inexplicable para mí, de comentarista deportivo –para lo que no hace falta mucho nivel, por cierto, como se puede comprobar si se ve cualquier tertulia de ese ámbito–, sólo entendible por ese incondicional seguimiento del diario deportivo Marca, que muchos de sus menos amigos decían que constituía su principal actividad durante su etapa política. Y aunque parecía que los mismos le atribuían una monotemática afición al ciclismo y a la marcha rápida que practica, parece que se atreve también con el llamado deporte rey, el fútbol, con un artículo en el que, en mi opinión y la de, al parecer, no pocos, no estuvo especialmente afortunado.
Después de su chiste facilón sobre los Diablos Rojos belgas, que “también hace amigos” de esa nacionalidad, que necesitan poco para “queremos” y acoger etarras, la segunda frase de su comentario en referencia a la selección francesa, próximo rival de la española en la semifinal del mundial de este martes, diciendo que “Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”, ha levantado ampollas en el país vecino y, lo que es peor, ha vuelto a perjudicar a su partido, el PP, dando pie a que entre en el juego el enemigo político. Así, uno de los ministros marioneta del presimiente, José Manuel Albares, “ni una mala palabra (es un decir, pero así reza el dicho) ni una buena acción”, no ha tardado en aprovechar la nueva oportunidad que el registrador gallego le ha dado para pedir a El Debate la retirada del citado artículo del registrador de la propiedad y se ha permitido en X decir que “Es hiriente y peligroso. Todo lo que encubra racismo y xenofobia es despreciable”.
Y se han unido a la fiesta racista hasta siete ministros del que maneja la batuta desde la Moncloa, que también ha aprovechado la ocasión para decir que “Rajoy avergüenza a España con declaraciones xenófobas”. Lo dice el que tiene a su fiscal general y a su exministro de Transportes y primer secretario de Organización del partido, condenados, y a su hermano, a su mujer en proceso, a su segundo secretario de Organización, a su directora de la Guardia Civil y ya veremos a cuantos de sus ministros y altos cargos en procedimientos que pueden acarrear condenas. Pero eso no es “vergüenza para España”.
Lo que ha dicho Rajoy es como si se criticara que España tiene en su selección a un pamplonés de origen ghanés, Nico Willians –su hermano Iñaki se decantó por la selección del país de sus padres– o a un catalán de origen marroquí, Lamine Yamal, ambos nacidos en España. Con la diferencia de que esos “no franceses”, que dice Rajoy, cantan La Marsellesa y besan su bandera y el catalán al que hemos hecho referente de nuestro equipo nacional se da con la frente en el suelo cuando marca un gol y enarbola la bandera palestina en el autobús que recorría las calles de Barcelona para celebrar el nuevo regalo liguero a un equipo que debería estar descendido si hubiera justicia deportiva en España.
Vuelvo a insistirle al Partido Popular en que a los “jarrones chinos” se les coloca en un rincón para el que quiera admirarlos se acerque a verlos, pero no hace falta sacarlos cada dos por tres, porque si bien estos dos “jarrones” del PP no se rompen, sí rompen la afición a votar a su partido. Y es que ni José María Aznar, que al menos hizo una muy buena gestión económica y exterior en su primera legislatura, que le valió la insólita mayoría absoluta en la segunda, en la que se durmió bastante (pero eso no toca ahora), ni mucho menos Rajoy, que se quedó muy lejos del nivel de gestión de su predecesor y dilapidó la mayoría absoluta que el hastío y la ruina que dejaba José Luis Rodríguez Zapatero dando paso al clon superado de este último, deberían aparecer en público y menos aún en actos del propio partido.
Señor Feijoo, si quiere hacer valer su acreditada gestión en el INSALUD y en Correos y su buena labor en Galicia, con sus sombras en lo lingüístico y alguna más, que le han dado cuatro mayorías absolutas, que no es nada fácil, me permito decirle que no eche en saco roto esta recomendación, como la de librarse de algunos pesos muertos de su ejecutiva que aportan poco y restan bastante (omito nombres que están en la mente de muchos). Creo (estoy seguro) que tiene que haber mejores valores dentro del partido y no tengo duda de que muchos más fuera.
13 de Julio de 2026, aniversarios de los asesinatos de José Calvo Sotelo (1936) y Miguel Ángel Blanco (1997).

