Del salón en el ángulo oscuro: El gran salto adelante. Por Teresita Ávila

Después de consumada la cooperativización agrícola, muchas cooperativas se encuentran con escasez de mano de obra. Se ha hecho necesario movilizar a la gran masa de mujeres que no han trabajado en la tierra para incorporarlas al frente laboral. (…) Las mujeres chinas constituyen una importante reserva de fuerza de trabajo, reserva que debe ser movilizada para la lucha por construir un gran país socialista.

Mao Zedong

El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia.

Gilbert Keith Chesterton

El gran salto adelante.

«La lucha contra el mal y sus efectos ha de ser implacable y sin miedo. Sea cual sea, no hay que ceder ni dejar que armen su relato»

Puede que a nuestros amables lectores de La Paseata les llame la atención que, a partir de ahora, figure como una bandera ondeante el famoso verso que inicia la rima VII de Gustavo Adolfo Bécquer. Con el permiso del editor de esta publicación, la idea de rotular mis escritos bajo un denominador común ya me rondaba. Y, por estas cosas de la docencia, hallé conveniente la analogía entre el arpa olvidada en el rincón y una servidora: atenta a todo lo que sea digno de escrutinio y dispuesta a no dejar que el polvo oculte aquello que merece la pena poner al descubierto. Esa soy yo, inconformista o “dama hereje” —según el generoso apelativo de Alonso de Madariaga, compañero de lides en estas páginas—. Así que, en aras de la fidelidad a mi cometido, hoy habrá que sacudir, a base de bien, esas ocurrencias verdaderamente rancias con las que tratan de engatusarnos, disfrazadas de avance y modernidad.

Resulta que ha llamado la atención una señora de rojo, actriz, cuyo nombre ignorábamos. Tampoco lo conocía José Antonio Méndez, que ha escrito un artículo repleto de lucidez para El Debate«Abolir la familia», del que he tenido noticia ahora, mientras redacto el mío. Cuando ese ejército sin uniforme, arrogante y fiel, se pone manos a la obra con una coordinación tan bien coreografiada como si fuera el ballet del Bolshói, nada es casual. Cuando, acto seguido, sale a escena Blanca Portillo para contribuir con su granito de arena al relato, subrayando las bondades de la renuncia a ciertas responsabilidades, la intención se perfila con nitidez. En tiempos de pocas alegrías materiales, ni siquiera son capaces de alentar otras que sí suponen un confort mucho mayor, pues encienden los corazones y alimentan la esperanza. Y si no, que se lo digan al malvado y avariento Ebenezer Scrooge, el inolvidable personaje de Cuento de Navidad, partidario de disminuir el número de pobres en el mundo, pues —según él— sobraban. Aunque sin rastro de humanidad, tendrá la ocasión de redimirse tras la providencial visita de tres espíritus: los de las Navidades pasadas, presentes y futuras. Quién sabe si no volverá a suceder lo mismo.

Es extrañamente significativa la entrega —el entreguismo— a ciertas causas que han cosechado fracasos estrepitosos, donde no hay sino obstinación. No creo que tales adhesiones se deban a carencias intelectuales, a falta de razonamiento ni a la necesidad exhibicionista de quien reclama “casito”. ¿Acaso acertamos siempre?… Cualquiera de nosotros habrá justificado en algún momento de su vida más de una barbaridad, después de creer haber realizado un análisis pormenorizado de pros y contras. Sostenella y no enmendalla.

La lucha contra el mal y sus efectos ha de ser implacable y sin miedo. Sea cual sea, no hay que ceder ni dejar que armen su relato. Aquí jugamos todos y nadie nos impide golpear con sus mismas armas dialécticas y sacarles los trapos sucios antes de que nos cieguen. Maestros de estafas mayúsculas con efectos devastadores tienen para aburrir. «¿Qué fue el Gran Salto Adelante?», titula el artículo de El Orden Mundial, donde se recoge la cronología de un desastre que comenzó en 1958. En él podemos leer: La purga y las luchas entre facciones dejaron miles de muertos en un nuevo proceso que duró hasta la muerte de Mao en 1976.

Asimismo, en la página quevuelenaltolosdados.com, en el artículo «El Gran Salto Adelante: la gran hambruna en la China de Mao», se mencionan hechos escalofriantes: El Gran Salto Adelante constituye uno de los mayores asesinatos en masa de la historia humana. Mao, en un discurso que pronunció en Gansu el 25 de marzo de 1959, dijo: «Cuando no hay comida suficiente, la gente muere de hambre. Merece la pena que la mitad muera para que la otra mitad pueda comer bien».

Ciertamente, hay que reconocer que la hipocresía es uno de los rasgos mejor repartidos entre las distintas ideologías políticas que nos ofuscan y alteran. Ya no somos tan inocentes y entendemos —como dice Juan Manuel de Prada— que trabajan todos en el mismo negociado. El ariete funciona unas veces de un lado y otras de otro. Pero, eso sí, los avances más consentidos y secundados llevan casi siempre la marca del progreso. La abierta hostilidad contra la familia que siente la fauna vociferante cae en tales excesos que puede incluso provocar rechazo. La promoción del aborto como algo positivo está tan fuera de lugar que cualquiera que conserve dos dedos de frente tiene dificultades para asumirla, aun siendo muy hooligan.

Si el humor nos salva —y es una gran verdad—, me van a permitir que termine con un llamamiento: ¡Charos de España™, uníos! Para que pongan los puntos sobre las íes a tamaños ataques y reclamen —entre sones de batucada, si así lo desean— el derecho a abrazar a muchos nietos y nietas, y disfrutar con ellos veranos inolvidables en el pueblo o en el apartamento de la playa. O enseñarles a comer lo que en casi ninguna casa moderna se sirve ya en el plato. En definitiva, defender una riqueza que no es negociable.

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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