
«El fútbol tiene esa capacidad única de recordarnos que, por encima de todo, compartimos una historia y un proyecto común»
Hay noventa minutos en los que España deja a un lado las discusiones políticas, las diferencias territoriales y las preocupaciones cotidianas.
Durante ese tiempo solo existe un sentimiento compartido: el deseo de ver triunfar a la selección española.
La camiseta de España no pertenece a ningún partido ni a ninguna ideología. Es el símbolo deportivo de millones de españoles que, desde cualquier rincón del país, celebran un gol con la misma alegría y sufren cada ocasión del rival con el corazón en un puño.
El fútbol tiene esa capacidad única de recordarnos que, por encima de todo, compartimos una historia y un proyecto común.
Buena parte del renacer de esta selección tiene un nombre propio: Luis de la Fuente. Su trabajo ha demostrado que el liderazgo no siempre necesita grandes discursos. Con serenidad, cercanía y convicción ha construido un grupo unido, donde el escudo está por encima de las individualidades.
Ha sabido confiar en los jóvenes sin renunciar a la experiencia, creando un equipo competitivo, solidario y con una identidad futbolística reconocible.
Muchos dudaron de él cuando asumió el cargo. Sin embargo, respondió como hacen los grandes entrenadores: trabajando en silencio. Conocedor del fútbol base español, apostó por jugadores a los que había visto crecer en las categorías inferiores de la selección, convencido de que el talento debía ir acompañado de compromiso, humildad y espíritu de equipo.
La actual selección ha demostrado que el éxito no llega por casualidad. Detrás de cada victoria hay miles de horas de entrenamiento, sacrificio, renuncias y disciplina.
En una sociedad acostumbrada a buscar el éxito inmediato, estos jugadores recuerdan que los grandes logros solo se alcanzan con trabajo constante y esfuerzo colectivo.
El mérito de Luis de la Fuente no se limita a ganar partidos. Ha devuelto la ilusión a la afición y ha conseguido que la selección vuelva a ser respetada por su fútbol y admirada por sus valores. Ha demostrado que el verdadero liderazgo consiste en sacar lo mejor de cada persona y poner ese talento al servicio del equipo.
Porque, al final, las generaciones pasan, los jugadores cambian y los títulos quedan en la historia. Lo que permanece es el ejemplo. Y Luis de la Fuente está dejando uno muy valioso: el de un entrenador que ha sabido construir una selección desde la humildad, el trabajo y la confianza en el talento español. Un ejemplo que merece reconocimiento y gratitud.
Viva España.
