
«Los vecinos de Málaga, desde tiempo inmemorial, acostumbramos a pasar el verano a caballo entre nuestra ciudad y pueblecitos de la costa»
Esto ha creado, entre los naturales de dichas localidades, la calificación para los forasteros, unas veces cariñosa y otras no tanto, como “veraneantes” o “señoritos”. No se si nos habremos ganado el apelativo a pulso, o es una forma de distinguir con un ligero acento xenófobo, a aquellos que ven tan solo en tiempo de vacaciones, sin tener en cuenta que el resto del año trabajan duramente para poderse permitir el “lujo” de disfrutar de la playa y los “espetos”.
La realidad es que como consecuencia de la falta de espacio para construir, todos los rinconeros que tenían una huerta pequeña o grande, la han convertido en bastante dinerito que les ha convertido en “potentados”. Ahora el problema que tienen es donde invertir el “taco”. En estos tiempos son ellos los que se van de “veraneo” por el mundo.
Hoy vuelvo a recordar a un viejo amigo que se ha marchado con el Padre; Eduardo el “PINTURAS”, nombre de guerra por el que es conocido por todos. Nuestro buen amigo era un hombre de izquierdas, protestante evangelista consorte, septuagenario, siempre a lomos de una vieja Scooter, no muy alto, tripón, con un moreno campero propio de sus muchas horas en la huerta.
El “Maestro PINTURAS” echaba el resto chillando. La verdad es que jugaba bien al dominó, pero su sapiencia en tan noble arte, la reforzaba con unos gritos amenazadores que te helaban la sangre. Le daba igual ser mirón o jugador. Sus gritos “acongojaban” a cualquiera. Pero PINTURAS tenía para mi algo admirable. No se porqué, ni me interesa, ya jubilado y con dineritos en la faltriquera, él seguía labrando su huerta, cosechando tomates, patatas, pepinos, calabacines o lo que sea. Su familia aún no había caído en las garras de los “señoritos de la especulación” que los llenan de billetes, les apartan de sus raíces y nos dejan sin tomates de verdad.
Por otra parte, digo yo, también han acertado los que han convertido sus campos en euros. Bastante han currado ya. Que los “veraneantes” coman tomates de plástico. Uno sigue con la esperanza de jugar bien al dominó algún día y que le consideren como si hubiera nacido en Bonilla. Creo que estoy haciendo méritos.
Eduardo, “el maestro”, “el PINTURAS” ya nos mira sonriendo desde el cielo. Allí juega su partida de dominó con el “francés”, Paco Recio, Paco Ramírez, el más joven de los Rando, o tantos otros como se nos han ido yendo poco a poco. Descansa en paz. Ya no se escuchan sus gritos. Pero sigue presente entre nosotros.
