
«Una gran mayoría de los seres humanos jamás han salido en la televisión»
Se trata de esa serie de personas corrientes con las que convivimos a diario. Jamás podrán ser consideradas “famosas”, ni tendrán a los reporteros a la puerta de su casa para preguntarles cualquier chorrada.
Para pertenecer a ese grupo de “élite” integrado por famosos, famosillos y “famosetes”, hay que salirse del ámbito en el que se mueve el común de los mortales.
Los encargados de hacer la selección de personajes para los distintos programas (casting), basan su criterio en la elección de aquellos que optan por la “variedad sexual y familiar”, la incultura manifiesta, o la poca vergüenza demostrada. Mientras más morbo… más éxito en el programa. A partir de ese momento venderán su vida y milagros (a cuál más impensable) y seguirán malviviendo de airear su intimidad y denigrar a cuantos les rodean.
Yo he dirigido un programa de radio y otro de televisión, durante una decena de años con un evidente fracaso, dada su escasa audiencia. Y es que cometía la aberración mediática de llevar a los medios a gente buena, solidaria y servicial. No nos veían ni nuestros familiares.
La buena noticia de hoy me la proporciona la gente corriente. Esas familias que no están en Ibiza a bordo de yates imponentes, ni viajan en jets privados. Estos grupos que están montando sus tenderetes de lona en la playa, provistos de tortillas y filetes empanados, neveras repletas de cervezas y refrescos.
Desde aquí vemos pasar a los trasatlánticos que realizan cruceros de película, aviones que se dirigen al este y al oeste en busca de lo desconocido y de la posibilidad de fardar al contarlo. No nos da envidia.
La gente corriente se conforma con vivir, disfrutar de su familia y centrarse en la ilusión de que sus hijos vivan mejor que ellos. No se han casado a prueba, no cambian de novio-novia a diario, tienen hijos en vez de mascotas. No se preparan para ser animales políticos, que les permitan vivir el resto de sus vidas para su beneficio propio, no para el de la comunidad.
En una palabra, pasan por la vida sin dar ningún tipo de escándalo. Con estos antecedentes no saldrán jamás en televisión. Pero estoy convencido que son bastante más felices que los que venden su vida, su cuerpo o su voluntad a diario por un puñado de euros.
(De lo de Ceuta… mejor no hablar)

