
«Mi vecino ingles Clay me hizo recordar esta frase inglesa que describe la situación meteorológica que sufrimos el pasado viernes»
El acervo popular recoge frases hechas que relatan los días en que se producen grandes problemas meteorológicos. Los romanos hablaban de “noche de perros”, basándose en el escándalo que producían los abundantes canes que pululaban por el foro. Estos, como todos los perros ladraban desconsoladamente asustados por la tormenta.
Llover a cantaros, jarrear, caer chuzos de punta. Tiramos de todas estas expresiones cuando aparece la tormenta. Lo curioso es que nunca llueve a gusto de todos. A mí. Personalmente, me encantan las tormentas, sobre todo cuando se producen en el mar y las puedo observar desde mi ventana.
Lo cierto es que el tiempo anda un tanto loco. Mi vecino inglés me dice que estos días la temperatura en la zona de Londres supera la de nuestro paraíso particular. Mientras escribo esto, veo por la ventana que la playa y el mar se van cubriendo de brumas (taró). Las playas rinconeras se están convirtiendo en una especie de Támesis londinense.
La buena noticia de hoy se basa en que a los que les queda un poco de efectivo y un mucho de ganas de fiesta, se les abre la perspectiva de una semana de reuniones familiares, baile, cante y copas. Y que llueva o truene.
Es maravillosa la capacidad de adaptación del ser humano a las circunstancias. Lo importante es mantener alto el espíritu. Los niños de ahora van a los “cacharritos”, pagando casi 10 euros por atracción, tal como íbamos los “pelones” de infancia a 10 céntimos de peseta, la “pechá”. Lo importante es participar. Y ser felices. Aunque lluevan “perros y gatos”.

