
«Se ha puesto de moda el adjudicarle este apelativo a cualquiera que aparenta ser guay»
Todo procede de la “new age”. Un movimiento que intenta explicar la existencia de un dios sin Dios. Ahora, a cualquiera que se le ocurra decir una chorrada, cantar una canción o hacer unas declaraciones que acaben diciendo “allá donde estés” se le considera un “ser de luz”.
Auténticos “expertos en el tema”, tales como Omar Montes, califican y designan a su gusto los “seres de luz”. Claramente identifican la gimnasia con la magnesia.
En mi modesta opinión creo que se intentan referir a las “personas buenas”. (No confundir con las “buenas personas”). La buena persona lo es por naturaleza y todo le parece bien, pero sin comprometerse demasiado. Por el contrario, la persona buena lucha cada día por serlo. Se preocupa de escuchar, no de oír; de ver, no de mirar; de ponerse en el lugar del otro y sobre todo de servir, no de influenciar.
La buena noticia de hoy me la proporcionan esas personas buenas, que tienen su carácter, pero lo controlan, pasan desapercibidas, pero siempre están ahí. Me precio de ser buen observador. Localizo rápidamente las personas buenas. Ayer, sin ir más lejos, descubrí a un hombre mayor, “F…” que destaca por esas cualidades. Está siempre dispuesto a escucharte, atento a tus deseos, jamás le he escuchado una voz más alta que otra. No digo su nombre completo porque posiblemente le molestaría.
Otra persona buena es una de mis nietas, este año se encuentra allá por los Andes de voluntaria, y lamenta que se tiene que volver. La persona buena sufre por su incapacidad de cambiar el mundo. Las decisiones de las “personas buenas” siempre son difíciles.
Creo que debemos estar atentos a cuantos nos rodean. Fácilmente encontraremos a esos que se esfuerzan por mejorar las condiciones de vida a su alrededor. Muchos de ellos intentan instaurar el Reino de Dios en la tierra, sin cancioncitas, gorrillos ni poses. Lo hacen con el esfuerzo diario.
Estoy harto de tantos “seres de luz accidentales”. Me convencerán con su testimonio a lo largo de los años. Una de las cualidades de las personas buenas es su constancia. Toda una vida pensando en los demás. No tengamos miedo de hablar de Dios y de sus gentes. De ser las “manos de Cristo”. Desde siempre ha habido ángeles humanos. Y los seguirá habiendo. Seguro que todos conocemos alguno.
Por cierto, la buena luz alumbra, no deslumbra.
