
«Los hallazgos arqueológicos y textos de la época indican que los romanos empleaban diversas formas para las ejecuciones, incluida la cruz»
«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y su descendencia; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón». Este texto, escrito en Génesis 3:15, es conocido como el protoevangelio o el primer anuncio de la salvación. Dios se dirige a la serpiente, identificada como Satanás, tras el pecado original de Adán y Eva, anticipando una lucha constante entre el bien y el mal y la victoria final de la Humanidad a través de un redentor.
La serpiente y la mujer, representan la oposición perpetua entre el poder del mal (Satanás) y la humanidad fiel. La descendencia o simiente, se refiere al linaje general de la Humanidad, pero de forma específica y profética apunta al Mesías (Jesucristo) como el descendiente definitivo de la mujer. La herida en el talón, simboliza el sufrimiento temporal, la prueba o la aparente derrota momentánea del Mesías durante su Pasión y muerte en la Cruz. La herida en la cabeza, representa el golpe mortal y definitivo que el Redentor asestará a Satanás, destruyendo su poder sobre el pecado y la muerte. Y vayamos a la arqueología.
En la antigua Roma, los pies del reo en la crucifixión se fijaban al madero vertical (stipes) mediante un clavo largo de hierro que los atravesaba, ya sea cruzados o de forma lateral contra la madera, apoyados a veces sobre un pequeño saliente o soporte de madera llamado sedile. Respecto al hueso del talón, hallazgos arqueológicos, como los restos de Jehohanan en Guivat ha-Mivtar en Jerusalén, demuestran que se usaba un clavo de hierro de más de 11 centímetros que atravesaba lateralmente el hueso calcáneo del pie, uno en cada pie y no frontalmente como se viene representando.

La parte del pie donde se representa tradicionalmente la herida de la crucifixión es el empeine, es decir la parte superior del pie, o el espacio entre el segundo y tercer metatarsiano, atravesando el pie por completo hasta la planta. En la tradición iconográfica cristiana y en la devoción de las Cinco Llagas, se representa que un solo clavo atravesaba ambos pies superpuestos, o bien dos clavos, uno para cada pie, fijándolos a la madera. Por lo que parece el clavo atravesaba lateralmente el talón. Las piernas quedaban ligeramente flexionadas o encogidas, lo que permitía al reo hacer fuerza para elevarse y poder respirar cuando el peso del cuerpo ahogaba el tórax.
El apoyo o sedile era un pequeño saliente de madera para apoyar o descansar los pies y el cuerpo, lo cual prolongaba la agonía durante días. Perforar el área tarsiana ofrece la evidencia médica de que dañaba nervios importantes, lo que causaba un dolor agudo e intenso en las extremidades inferiores. Staurós (en griego σταυρός) significa de forma primaria estaca, poste o madero vertical. En el Nuevo Testamento se usa para referirse al instrumento de ejecución de Jesús, el cual se traduce de manera general como Cruz, aunque su significado exacto y su forma física generan debates históricos y teológicos. Lo cierto es que los hallazgos arqueológicos y textos de la época indican que los romanos empleaban diversas formas para las ejecuciones, incluida la cruz como es el caso.

