
«Se ha puesto de moda celebrar las vacaciones con viajes a bordo de un crucero»
Antiguamente estas singladuras se realizaban con dirección a Centroamérica o a los países nórdicos. Hoy prevalecen los cruceros por el Mediterráneo, de más corta duración y más asequibles.
Desde mi terraza veraniega veo pasar a diario, no sin cierta nostalgia, a los tremendos buques que salen cada tarde en dirección al Golfo de León, a Italia, Grecia, al Norte de África, o a un viaje a través del Nilo.
Jamás he podido realizar un crucero de este tipo. Mi esposa rechaza cualquier medio de transporte que no sea el tren. Como consecuencia, moriré sin esa oportunidad.
Sin embargo me he permitido el gusto de navegar en un barco de cabotaje de mercancías durante tres semanas. Un viaje que se inició en Sevilla, primera parada en Barcelona, navegación hasta Tenerife y desde las Canarias a Sevilla. Coches y plátanos de una parte a otra de España.
Un viaje que no tiene nada que envidiar a un crucero. Me permitió pensar y escribir, así como acompañar al hijo de un amigo mío que quería huir de una posible dependencia. Vivir como miembro de una tripulación, acompañarlos en su trabajo y estar rodeado de los mares es toda una aventura.
Por lo que puedo conocer a través de los que han realizado alguno de dichos cruceros, se trata de vivir en un hotel de lujo, sin demasiado contacto con el mar, y hacer paradas en varios puertos para visitar poco detenidamente alguna ciudad. El resto del tiempo, comidas, juego y discotecas a bordo. Me parece que se disfruta poco del mar.
Me conformo con mi largo “crucero anual”. Un par de meses en que veo la mar desde que me levanto hasta que me acuesto; desayuno, como y ceno en mi particular “toldilla”. Desde allí veo pasar la vida desde mi cabina de lujo.
Este fin de semana “desembarco” y me traslado a Málaga de nuevo. Aunque no dejaré de ver el Mare Nostrum desde mi terraza malacitana y podré contemplar cada tarde la salida, a eso de las cinco, de los cruceros que han pasado la jornada en Málaga y llenado sus calles y establecimientos de bulliciosos cruceristas que se conforman con decir que han estado en… donde sea.
Acabo esta reflexión mirando a esa especie de lago abierto que han disfrutado todas las civilizaciones conocidas. Y donde seguirán siendo felices en medio de un modesto mar, que no tiene la categoría de océano, pero mucha más historia.

