
«En la cultura del antiguo Oriente Próximo, los cuernos no tenían una connotación negativa, sino que eran un símbolo de poder, fuerza y autoridad divina»
Todos conocemos la famosa estatua de Moisés del gran Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, más conocido en español como Miguel Ángel, muy admirado por sus contemporáneos, que le llamaban el Divino.
Triunfó en todas las artes en las que trabajó, caracterizándose por su gran perfeccionismo. La escultura, según había declarado, era su predilecta y la primera a la que se dedicó, pero adoptó la pintura, casi como una imposición por parte del papa Julio II, y que se concretó en una obra excepcional, la bóveda de la Capilla Sixtina, y ya en sus últimos años, realizó proyectos arquitectónicos. Fue autor de numerosas obras, de las cuales hoy en día se conservan entre cuarenta y cincuenta esculturas, cuatro pinturas, varias decenas de dibujos y los frescos de la Capilla Sixtina y la Capilla Paulina.
El Moisés, obra de Miguel Ángel, centrada en la figura bíblica de Moisés, es una escultura de mármol blanco encargada en 1505, realizada en 1513-1515, y retocada por él mismo en la década de 1542. Originariamente concebida para la tumba del papa Julio II en la basílica de San Pedro, el Moisés y la tumba se colocaron finalmente en la iglesia mayor de San Pietro in Vincoli, en la zona del Esquilino, tras la muerte del Papa. Los miembros de la familia della Rovere, de la cual procedía el Papa, fueron los mecenas de esta iglesia, y él mismo había sido su cardenal titular antes de su nombramiento al frente de la Iglesia católica.
Diseñado para ser visto desde abajo, en el lugar donde finalmente se colocó difícilmente provoca el impacto deseado por el artista. El líder de Israel se presenta sentado, con las Tablas de la Ley debajo del brazo, mientras que con la otra mano acaricia los rizos de su barba. Representa a un Moisés en el pasaje de éxtasis tras recibir los Mandamientos en el Monte Sinaí, con el ceño fruncido, mientras que, en el valle al pie del monte, el pueblo de Israel se entregaba a la idolatría. Miguel Ángel emplea una cabeza vuelta, concentrando una fuerte expresión de tremenda ira reflejada en la poderosa constitución de la estatua de más de dos metros de altura y en la profunda mirada de sus ojos.
Los aparatosos detalles del cuerpo y pliegues del ropaje, provocan cierta tensión psíquica, gracias a la minuciosidad de la obra escultórica. Vemos la activación detallada de los músculos de su brazo y antebrazo izquierdos, la superficialidad de sus venas hinchadas, sus potentes piernas que casi van a levantarse. Moisés, de la mano de Miguel Ángel, refleja en su rostro la cólera sagrada contenida de Moisés. Su parte derecha del cuerpo, divina y estable, recibe la inspiración y es donde sujeta las Tablas de la Ley y su parte izquierda, con su pie a punto de impulsarse para levantarse es por la que ve el peligro y el mal, se muestra tenso, al observar a su pueblo vencido ante la idolatría. Su respiración agitada se percibe en las aletas de su nariz expandidas. Sus barbas nos recuerdan una cascada fluvial, mientras que sus pliegues de la ropa simulan una cueva. Finalmente, el fuego, el resplandor más fácil de representar en una pintura, está reflejado con esos ‘cuernos’… y ¿Por qué cuernos?, nos preguntamos.
Tenemos que remontarnos para ello a la Biblia Vulgata. Resulta que en el año 382 fue nombrado Jerónimo de Estridón, el que sería San Jerónimo, para traducir la Biblia del hebreo al latín entre los años 382 y 405 d. C. El papa Dámaso I, San Dámaso, le encargó el trabajo para unificar los textos y reemplazar las versiones latinas desordenadas de la época. Su nombre procede del latín ‘vulgata editio’, que significa edición para el pueblo.
Fue el texto oficial de la Biblia para la Iglesia Católica durante más de mil años.
Recordemos ahora, que, en hebreo, como sabemos, los textos se leen de derecha a izquierda y no hay vocales. Las tres letras hebreas que componen la raíz del dilema de traducción de San Jerónimo son Qof (ק), Resh (ר) y Nun (נ), que juntas forman la raíz consonántica Q-R-N (קרן).
Dado que en hebreo antiguo, como acabamos de decir, se escribía originalmente sin vocales, este grupo de tres consonantes dio pie a una doble interpretación en el pasaje de Éxodo 34:29: «Cumque descenderet Moyses de monte Sinai, tenebat duas tabulas testimonii, et ignorabat quod cornuta esset facies sua ex consortio sermonis Domini».
Si entre las tres consonantes Q, R, y N, ponemos una a, resulta Qaran (קָרַן), un verbo que significa «resplandecer», «emitir rayos de luz» o «brillar».
Pero si en vez de ello ponemos una letra e, resultará Qeren ( קֶרֶן ) Un sustantivo que significa «cuerno».
Al traducir el Antiguo Testamento directamente del hebreo al latín para crear la Vulgata, San Jerónimo optó por una interpretación literal y etimológica de la raíz. En lugar de traducir que el rostro de Moisés resplandecía al bajar del Monte Sinaí, escribió que su rostro «tenía cuernos» (cornuta esset facies sua).
En la cultura del antiguo Oriente Próximo, los cuernos no tenían una connotación negativa, sino que eran un símbolo de poder, fuerza y autoridad divina. No obstante, esta elección literal perpetuó en el arte occidental la iconografía de Moisés con cuernos, siendo el ejemplo más célebre la monumental escultura del Moisés de Miguel Ángel de la que acabamos de hablar y ese el motivo de un Moisés con cuernos, pues básicamente San Jerónimo tradujo expresión cornuda en vez de resplandeciente… quod cornuta esset: que estaba cornuda, es decir que brillaba con cuernos/rayos.

