«Llegados los últimos días hablamos poco, ya todo está dicho, reina la paz y la complicidad propia del compañerismo y la amistad verdadera».
El final no es el verano. Por Francisco Gómez Valencia

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«Llegados los últimos días hablamos poco, ya todo está dicho, reina la paz y la complicidad propia del compañerismo y la amistad verdadera».

«Este documento debería llegar al mayor número de lectores al contemplar el problema de los incendios desde una perspectiva que nunca había visto».

«Desde hace muchos años al principio de cada verano nos procuran mentalizar para evitar los incendios veraniegos».

«Tras la aparición de una serie de televisión emitida, con gran éxito a lo largo de los ochenta, se pusieron de moda los cruceros».

«Los de tierra adentro llevamos en estos días interminables noches de mosquitos homicidas e incendios criminales».

«Texto pillado por ahí: Los fuegos se combaten con más cabras en los pastos y menos cabritos en los puestos».

Cada hectárea quemada es una derrota colectiva. Cada pueblo abandonado, una pérdida de soberanía. Cada norma absurda dictada por un burócrata urbanita, un paso hacia la irreversibilidad de la catástrofe.

«La guerra a los turistas y su sistema español de defensa es una versión editada por servidor sobre un pasaje de «La guerra de los judíos» de Flavio Josefo».

Dejen de mentirnos. Dejen de asustarnos. Y si les parece tan raro que haga calor en verano, igual el problema no es el clima. Es la estupidez.

«Estreché la mano de este don Isidoro que entendía que una cosa es que lo abandonen a uno y otra cosa es abandonarse uno mismo».

«No importa el idioma que se utilice. Madre, mamá, “máma”, mater, mather… Es lo mismo. Todo el mundo lo entiende y lo siente».

«Cuando pases por aquí y veas esta rama completamente desnuda, acuérdate de que alguien que tenía su pequeño corazón, te dijo estas cosas».

«España no admite el ataque indiscriminado por parte del Gobierno al Rey, a la judicatura, a la división de poderes, a la libertad de medios y expresión».

«Cecilia me miró, yo la miré, y ambos dirigimos la mirada a don Alejandro el perfumista, que ya había cobrado buenas perras por adelantado».