(Cronografías XIII) Coger apuntes. Por Diego Pardos

Coger apuntes

«Ha vuelto el autor mimado a Madrid para coger apuntes y con ellos perpetrar algún artilugio con que volver a trincar mucho dinero»

Coger es también sinónimo de tomar pero también de trincar, que parece una palabra muy fea porque remite a un significado que cualquiera asocia al latrocinio, al aprovechamiento de las perras públicas en propio beneficio, al trasvase de los impuestos de algunos ciudadanos al bolsillo de otras ciudadanas que así se ganan -¡y cómo!- la muelle vida, al tráfico de influencias y a lo que en el felipismo se denominó “el pelotazo”. De modo que a estas alturas de siglo donde España parece estar de nuevo dividida en dos, además de la división entre los altos y los bajos, los guapos y los feos, los pobres y los ricos, se acentúa una nueva dicotomía entre los que trincan y los trincados (“mitad y mitad” como diría Rosa Belmonte), entre el expoliador y el expoliado.

 

Escribo lo anterior porque he visto recientemente un video en el cual el premiado escritor David Uclés da un paseo por el camping de la Puerta del Sol cogiendo apuntes en una libreta, bolígrafo en ristre. A este Uclés lo creía yo exiliado en Centroeuropa, tal y como anunció compungido en una ocasión, porque la gente de este país, que es muy burra, se metía mucho con él. Y ahora me lo encuentro en Madrid cogiendo apuntes ataviado con su uniforme de diario: barbas sin arreglar, jersey de ochos y boina por estrenar. Se suma así a la lista de abajofirmantes que ponderan la revolución Quechua y se muestran admirados por ese ejemplo de civismo y autogestión (¡hasta enfermería tienen, los tíos!). Pero ninguno se queda para hacer noche, pues son gente muy ocupada y detestan las campanadas que conturban el sueño.

 

De modo que este polifacético hombre, nacido en la dura tierra de Jaén, prefirió irse a Praga (o a Bratislava, vaya usted a saber) de donde ha vuelto para documentar las protestas de quienes quieren tener una vivienda digna (no digo que no tengan razón en eso, y quizá convendría al nuevo Gobierno restaurar la cartera del ministerio de la Vivienda, a pesar de sus reminiscencias franquistas), a poder ser en el centro y a precio de risa. Ha vuelto el autor mimado a Madrid para coger apuntes y con ellos perpetrar algún artilugio con que volver a trincar mucho dinero. Cuando yo era estudiante también tomaba apuntes, que nunca me sirvieron para nada, pues bien sabido es que quien coge apuntes no atiende en clase. De igual modo que quien se dedica a sacar fotos tampoco disfruta de la vista o quien escribe no lee. En eso el refranero acierta cuando dice que la “oveja que bala, pierde bocado”. Aunque sospecho que en este caso, coger apuntes le saldrá muy rentable al portasolista.

 

Diego Pardos

Soy un hombre del franquismo, pues nací en Daroca en 1974. Pasé mi infancia en un lugar de la Celtiberia llamado Used y acudí a clases de bachillerato en Teruel, como Antonio Mingote (con resultados notoriamente distintos). En dos ocasiones gané (ex aequo) el Concurso de cuentos infantiles “Tertulia Goya” de Santander (años 2011 y 2015) y escribí la novela Las autonomuchas. El discreto exilio de Fernando Vizcaíno Casas (SND Editores, Madrid, 2018), con prólogo de Eduardo Vizcaíno de Sas. Y una segunda parte, en edición no venal. No contento con ello también colaboré en el periódico satírico La Gallina Ilustrada (2019-2020). Escribo, algunas veces, en el Diario de Teruel.

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