
«La frente representa la mente, el intelecto y el origen de las decisiones humanas, por lo que al trazar la cruz con aceite sobre ella se busca purificar y santificar los pensamientos»
En las Vísperas de la Iglesia Ortodoxa, especialmente durante las grandes fiestas o la Vigilia de Toda la Noche, el gesto de ser ungido con aceite sobre la frente en forma de cruz se conoce como Eleación. Recordemos que ‘Elaion’ significa aceite en griego. El aceite utilizado en este rito no es el Santo Crisma de los sacramentos, sino el aceite bendito de las lámparas o de la bendición de los panes, y posee un profundo simbolismo espiritual dividido en varios aspectos clave.
En la lengua griega, la lengua litúrgica original de la Iglesia, existe un juego de palabras teológico muy significativo e interesante, pues la palabra para aceite es ‘élaion’ (ἔλαιον) y la palabra para misericordia es éleos (ἔλεος), por lo que al ungir la frente del creyente, el aceite actúa como un signo visible de la compasión, el perdón y la misericordia infinita de Dios que se derrama sobre los fieles.
La frente representa la mente, el intelecto y el origen de las decisiones humanas, por lo que al trazar la cruz con aceite sobre ella se busca purificar y santificar los pensamientos del creyente y funciona como un recordatorio para someter el intelecto a la voluntad de Cristo.
Recordemos que históricamente, el aceite se usaba para curar las heridas y para fortalecer el cuerpo de los atletas antes de una contienda, por lo tanto en el contexto litúrgico simboliza la fortaleza espiritual que Dios concede para enfrentar las tentaciones y los combates de la vida diaria y actúa como un sello de protección contra las fuerzas del mal. La unción se realiza habitualmente formando una hilera en la que los fieles pasan primeramente venerando el icono de la fiesta o del Santo del día, luego reciben la unción del aceite en la frente y el fiel besa el manguito del sacerdote. Al besar la bocamanga o el manguito de la túnica del sacerdote, llamado técnicamente ‘epimanikion’ o ‘epimanikia’ en plural, el fiel realiza un gesto de profundo respeto litúrgico.
Este acto no es en absoluto una muestra de reverencia hacia la persona del sacerdote en sí, sino hacia Cristo mismo y hacia el ministerio sagrado que el sacerdote representa en ese momento. Su significado se divide en varios puntos clave. En la teología ortodoxa, los manguitos, ‘epimanikia’, que el sacerdote lleva en las muñecas simbolizan las ataduras con las que amarraron las manos de Jesucristo durante su Pasión. Al besar el manguito, el fiel está besando simbólicamente las manos de Cristo que sufrieron por la humanidad, reconociendo al sacerdote como un icono vivo del Salvador.
Dado que este gesto ocurre inmediatamente después de recibir la unción, el beso es un acto de gratitud por la gracia y la bendición que Dios acaba de derramar a través de las manos del clérigo. Es una respuesta física de humildad y agradecimiento por el don espiritual recibido, la misericordia y santificación del aceite.
Cuando el sacerdote se coloca los manguitos antes de la liturgia, recita oraciones específicas del Antiguo Testamento. Para el manguito derecho, que es el que habitualmente se besa, dice: «Tu diestra, oh Señor, se ha glorificado por su poder; tu mano derecha, oh Señor, ha quebrantado a los enemigos» (Éxodo 15:6). Por lo tanto, al besar esa zona, el fiel rinde homenaje a la fuerza, soberanía y victoria de Dios, que opera en el mundo a través de los sacramentos y bendiciones de la Iglesia. Este gesto también refuerza el vínculo de comunión eclesial. Al inclinarse y besar la vestidura litúrgica, el cristiano ortodoxo expresa su sumisión voluntaria y su amor a la Iglesia, aceptando el orden espiritual establecido para la guía de su alma. El aceite aromatizado con el que se unge la frente de los fieles representa la participación directa en la gracia, santidad y alegría de ese festejo litúrgico, haciendo que el creyente «brille» espiritualmente.
