Hispania gobernó Atenas. Por José Crespo

Hispania gobernó Atenas.

«Si retrocedemos a los siglos XIII y XIV, cuando la Corona de Aragón estaba extendiendo su influencia por el Mediterráneo mencionaremos obligadamente a los almogávares»

La afirmación es históricamente correcta en cuanto a su duración, aunque con el matiz de que, aunque todavía no se habían reunificado todos sus reinos, fue la Corona de Aragón la que gobernó el Ducado de Atenas durante exactamente 77 años, entre 1311 y 1388. Una de las páginas desconocidas de la historia medieval de la península ibérica se escribió a miles de kilómetros de Zaragoza, Valencia, Mallorca, en los territorios de la antigua Grecia.

Si retrocedemos a los siglos XIII y XIV, cuando la Corona de Aragón estaba extendiendo su influencia por el Mediterráneo mencionaremos obligadamente a los almogávares que eran combatientes especializados en la guerra de guerrillas, actuando por sorpresa mediante incursiones rápidas, emboscadas y guerras de frontera. Estos guerreros procedían de distintos territorios montañeses, especialmente de Aragón y condados de lo que fue la Marca Hispánica, y que mucho más tarde sería Cataluña, pero también participaron hombres vinculados a los reinos de Valencia, de Mallorca y otras regiones mediterráneas.

No se trataba de soldados convencionales pues a diferencia de los caballeros feudales, que combatían a caballo protegidos por pesadas armaduras, los almogávares eran soldados de infantería ligera que luchaban principalmente a pie, llevando consigo un mínimo de equipamiento.

Su armamento habitual estaba constituido por lanzas cortas, dardos y grandes cuchillos. Se vestían con pieles y ropas resistentes, calzado de cuero y transportaban pocas provisiones, viviendo sobre el terreno.

Estas características singulares les permitían desplazarse con rapidez y ligereza por terrenos montañosos y atacar por sorpresa al enemigo que dependía de formaciones militares más lentas y pesadas.

Sus gritos de guerra se hicieron famosos: «¡Desperta, ferro!», que significa «¡Despierta, hierro!», y «¡Aragó!, ¡Aragó!», gritos que proferían según las crónicas medievales, mientras golpeaban sus armas contra las rocas para producir chispas antes de entrar en combate.

La experiencia adquirida en las guerras peninsulares y en Sicilia terminó convirtiéndolos en una fuerza guerrera muy solicitada. Se les cita, al amparo de las teorías políticas y pseudohistóricas de la etnogénesis separatista, bajo el «Compañía Catalana», o Gran Compañía Catalana, pero ésta es una denominación historiográfica posterior y contemporánea, popularizada por cronistas y historiadores modernos para simplificar, pero que no refleja con precisión la realidad identitaria, jurídica ni compositiva del ejército almogávar que actuó en Oriente.

Sobre su denominación original y remontándonos a las fuentes de la época, especialmente en la crónica de Ramón Muntaner, miembro y cronista de la propia expedición, el cuerpo militar se autodenominaba principalmente como «Ejército de los Cristianos», «Ejército de los Francos», siendo este el término común que usaban los bizantinos y musulmanes para referirse a los europeos occidentales o, a nivel institucional, bajo el sello oficial del «Real Ejército de los Aragoneses», es decir Exercitus Aragonensium.

Se trataba de una fuerza de múltiple origen territorial de soldados de ventura y aunque el liderazgo inicial de Roger de Flor y una parte muy significativa de las tropas eran aragoneses, el ejército estaba integrado por una amalgama de súbditos de la Corona de Aragón y de otros territorios mediterráneos, como valencianos, mallorquines, además de sicilianos y calabreses pues tras la Paz de Caltabellotta (1302), muchos combatientes de la isla de Sicilia, entonces gobernada por Fadrique II de Sicilia, de la Casa de Aragón, se quedaron licenciados y sin empleo por lo que se unieron en masa a la expedición aragonesa.

Esta fuerza militar no operaba como una simple milicia regional, sino como un ejército vinculado dinásticamente a la Corona de Aragón.

De hecho, tal como aclaramos en estas líneas, cuando se establecieron los ducados de Atenas y Neopatria, estos se incorporaron formalmente bajo la soberanía del rey de Sicilia y, posteriormente, directamente a la Corona de Aragón, manteniendo como lengua el aragonés en sus documentos jurídicos.

Durante el siglo XIV, los almogávares, soldados que habían participado en las guerras mediterráneas de la Corona de Aragón, protagonizaron una extraordinaria expedición militar que terminó con la conquista del Ducado de Atenas y el establecimiento del Ducado de Neopatria.

Durante décadas, estas tierras estuvieron gobernadas por una estructura política y militar de origen aragonés, vinculada primero a la monarquía aragonesa de Sicilia y posteriormente a los propios reyes de Aragón.

Para ello debemos remontarnos a la conquista almogávar de 1311, cuando éstos guerreros aragoneses, a los que erróneamente se menciona como mercenarios de la Compañía Catalana de Oriente, derrotaron a los caballeros franceses en la batalla del río Cefiso, mandados por Bernat Estanyol, a veces citado como Bernardo Estañol, para seguidamente tomar el control de Atenas y ofrecer la soberanía al rey de Sicilia, de la Casa de Aragón.

En las décadas siguientes, el dominio se consolidó procediéndose a su incorporación formal. Ya en el año 1379, bajo el reinado del aragonés Pedro IV el Ceremonioso, los ducados de Atenas y Neopatria se integraron formalmente a los territorios directos de la Corona de Aragón. Durante esos años, los fueros y leyes aragonesas rigieron la zona, y el aragonés y el latín se convirtieron en las lenguas oficiales de la administración.

Pero el fin del dominio llegaría en 1388. La soberanía aragonesa sobre la capital griega concluyó cuando el florentino Nerio Acciaioli conquistó la Acrópolis de Atenas.

Como herencia directa de este episodio bajomedieval, el rey de España prosigue ostentando de forma honorífica y simbólica el título histórico, de herencia aragonesa, de duque de Atenas y de Neopatria dentro de lo que se conoce como título largo que es el siguiente:

Rey de España, y, dentro de ésta, Castilla, León, Aragón, Navarra, Granada, Toledo, Valencia, Galicia, Mallorca, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén, Algeciras e Islas Canarias. Los Algarves, Gibraltar, Córcega, Cerdeña, Dos Sicilias, Hungría, Croacia, Dalmacia, Jerusalén, Indias Orientales, Indias Occidentales e Islas y Tierra Firme del Mar Océano.

Duque de Borgoña, Bravante, Milán, Atenas, Neopatria, Limburgo, Lotaringia, Luxemburgo, Güeldres, Estiria, Carniola, Carintia y Wurtemberg.

Archiduque de Austria. Conde de Flandes, Tirol, Rosellón, Cerdaña, Habsburgo, Artois, Hainaut, Namur, Gorizia, Ferrete, Kyburgo y Barcelona. Señor de Salins, Malinas, La Marca Eslovena, Pordenone, Trípoli, Vizcaya y Molina. Marqués de Oristán y Gocíano. Landgrave de Alsacia.

Príncipe de Suabia. Margrave del Sacro Imperio Romano y Burgau.

Emperador del Imperio Romano de Oriente.

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Artes y Humanidades. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, Colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Vázquez de Coronado, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica y Españoles Olvidados del Pacífico. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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