
«Una cosa es oír… y otra muy distinta escuchar»
No se por donde he conocido una sentencia popular que dice que: “tenemos dos oídos y una sola boca”, lo que nos invita a doblar nuestra capacidad de silencio sobre la de escucha.
Estamos acostumbrados a participar de lo que representa una contraposición de monólogos. Es decir, ambos interlocutores, sin prestar atención a lo que dice el otro, se aprestan a aprovechar cualquier hueco en la conversación para largar su discurso, que defienden a capa y espada.
Este hecho se acrecienta cuando media la política y una diferencia de edad apreciable. Cada uno de los contertulios se encastilla en sus “verdades inmutables” y “en el que me vas tú a decir”. Normalmente este conato de dialogo acaba de una manera un tanto airada y sin llegar a aterrizar en los puntos comunes que acercarían nuestras posturas.
Los “segmentoplateros”, aquellos que hemos vivido diversas etapas de la historia, nos sentimos en posesión de la verdad. Para ello esgrimimos nuestra vivencia y “lo bien que lo hemos hecho”. Los de mediana edad se debaten entre la verdad y sus deseos. Los jóvenes arrasan con sus firmes convicciones, que abandonan en cuanto piensan más en el futuro que en el presente.
En una palabra, estos debates, la mayoría de las veces, acaban como el “rosario de la aurora”, entre frases como “si tú supieras lo mal que lo hemos pasado” y “la culpa la tenéis vosotros que sois unos “carcas” y unos inmovilistas.
Finalmente, optamos por callar y escuchar, aunque la procesión va por dentro. El mundo está muy complicado. Como lo estaba en la posguerra, en la guerra fría, en el franquismo, en la transición y en la no demasiada bien aplicada democracia. “Cada día tiene su afán”.
Sigo pensando en los lugares de encuentro, en los puntos comunes que se abordan cuando se dejan atrás prejuicios y “verdades inmutables”. Todo esto se mejora si ponemos un “punto de optimismo” y aceptamos la realidad. La historia de cada etapa demuestra que ha mejorado la anterior. Solo hay que mirar un poco a nuestro alrededor y valorar la calidad de vida de la que disfrutamos.
(Sí, ya sé que hay pobreza en todas las partes de nuestro mundo. También reconozco que no es posible arreglarlo inmediatamente. Pero debemos aliviarla en la medida de nuestras posibilidades. Entre todos algo haremos).

