De nuestras espectrales calles ilumino por nuestros muertos el olivo del cementerio de San Sebastián. Por Inés Del Boca

De nuestras espectrales calles ilumino el olivo del cementerio de San Sebastián
De nuestras espectrales calles ilumino el olivo del cementerio de San Sebastián

 

A María Gloria Becerra Sebastiao. Mi madre.
in memoriam

«De nuestras espectrales calles ilumino el olivo del cementerio de San Sebastián. Erguido amigo de las almas. En sitio abierto por derecho de asilo»

Calles espectrales.

Camino con mi mente ante el pudor de una primavera, que por decoro, apenas se insinúa.
Me esfuerzo por llegar hasta el cementerio de San Sebastián.
 
El olivo ancestral, sereno, eje de la vida, símbolo de la paz y la victoria, consuela mi ánimo como el de unas pocas matas de hiedra que se esfuerzan por cubrir la vergüenza de los escombros.
Erguido amigo de las almas
En sitio abierto por derecho de asilo
Y eternidad para los » pobres de solemnidad».
 
Figuras de sombra.
este día son dibujos
en el desorden maloliente.
Prisioneros manotean el aire
hacia el hueco de la reja abierta.
 
Esta saliendo el sol.
 
Respiran fuerte
un aire muy seco.
 
El río dejo de correr.
 
Ahogados en luces
Infinitas vueltas
de infinitos farolillos sobre
sus cabezas
Noria de luces
tiempo tras tiempo.
 
Una nausea profunda
despierta el hambre.
 
Un milagro
amarrara la sed con el agua.
   
Debo proclamar a nuestra especie, tan degenerada como para no tenerse en cuenta a sí misma.
Los sanos deben curar a los enfermos.
Nunca los enfermos enfermar a los sanos.
 
Y claro quede, las enfermedades son del cuerpo, y también son del alma.
 

Nota.

Quienes no sean gentes de Fe, entenderán el concepto de alma.
Intelectualmente como necesario en el estadio que corresponda científicamente.
Ines Del Boca

Ines Del Boca

Añoro esos campos de la otra orilla del Atlántico que la gente no sabe que tiene desde el Barrio de las Letras de Madrid, donde, esta humilde y antigua hembra humana recomienda, conciencia plena y análisis permanente para que no nos pase lo de aquel, que un día se desnucó por siempre querer mirarse el propio culo

Deja un comentario