En la busca de nuevo oficio que empeño mis días descubro que el del periodismo me llama sin cesar. Y me despista. El ejercicio de la profesión me ha dejado secuelas. No se empezar los días sin leer unos cuántos periódicos y tampoco los acabo bien si no he “aporreado” suficientemente mi sufrido teclado. De igual manera reconozco que las polémicas sobre la ética periodística me siguen apasionando.
En el día del periodista: De los vendidos y las mentiras por el deber sagrado de su misión alimenticia. Por Manuel Artero





