Walt Whitman es la pasión y la fuerza de una pluma inagotable e incontenible. Este genio del verso libre, ocupa un lugar privilegiado, …
La citas para el alma de Mercedes: Carpe Diem con Walt Whitman

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Walt Whitman es la pasión y la fuerza de una pluma inagotable e incontenible. Este genio del verso libre, ocupa un lugar privilegiado, …

Hace unos cuanto años, aún vivía mi madre, recuerdo que comentábamos con cierta frecuencia el hecho de que apenas tenía recuerdos de mi infancia y mi adolescencia. Era algo que me extrañaba y hasta cierto punto me dolía. Me preocupaba la laguna tan grande que tenía en mi memoria, como si esa época de mi vida hubiera querido borrarla inconscientemente de un plumazo. Era mamá la que avivaba mis recuerdos, me hacía reír y me emocionaba. Ella siempre decía, que a medida que vas haciéndote mayor, que los años van pesándote y pasándote factura de una u otra manera, los recuerdos toman vida y acuden a tu mente sin ningún esfuerzo por nuestra parte.

Comprendo porqué el escritor Arturo Pérez Reverte asegura que el único refugio que le queda es el del mar. Se trata de hombre público que no alardea de progre oficial, ni de nada y, eso para los pijos de izquierda es imperdonable. Como hablar de España, de historia, de honor, honra y fidelidad.

Recuerdo gracias a esta portada la cita que Fernando Savater destaca en su libro “La infancia recuperada” de Georges Bataille: “La literatura es la infancia al fin recuperada”, porque sus páginas me iniciaron en la pasión por las historias de piratas y los conceptos de libertad y aventura que tantos giros han propiciado a mis pobres neuronas.

Jorge Rodríguez Rueda es un escritor respetuoso con las palabras, con la cultura, con el oficio de la narración y sobre todo con el lector. Un hacedor de historias que en su última novela, Diario de un presunto suicida, ha dado vida a un personaje poco común, Evaristo Medina, un divorciado con dos hijos

La «Sonata de Otoño» fue el primer fragmento de las Memorias del Marqués de Bradomín que apareció como libro , en 1902 .
El Marqués de Bradomín, un «Don Juan, feo, católico y sentimental» como lo califica el propio Valle Inclán, está enamoradísimo de su prima Concha, una mujer casada,enfermiza, delicada y frágil , una princesa de cuento de hadas en su torre de marfil.