Me da la sensación que por lo que tenemos que luchar no es por la libertad de ser anormales sino por la libertad de ser normales.
Conversaciones en el andamio. ¡Pero vamos a ver! Por Francisco Gómez Valencia

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Me da la sensación que por lo que tenemos que luchar no es por la libertad de ser anormales sino por la libertad de ser normales.

«Sánchez se posicionó directamente a favor de Alejandro Fernández tachando a Milei de ultraderechista. De esos barros, estos lodos».

«Todo eso nos está dejando a un Sánchez desencajado y herido, pero no muerto, en una huida hacia adelante que lo convierte en más peligroso porque querrá morir matando».

«El autócrata de nuevo sacó la patita y patinó tres veces, tres, no sé si por desconocimiento o por conveniencia, (seguramente), para seguir mareando a sus socios independentistas».

«Ayer por mucho que los números y el clima excesivamente triunfalista que vivimos, la realidad es que por desgracia tenemos gobierno para rato».

«Me creo a Sánchez “aberronchado al rocaje vivo” como un mejillón, aunque éste como es más fino y chulo que un ocho, lo llevará a cabo como un percebe».

«Otra vez más, estamos hablando de lo que no procede en las tertulias y los medios, no por la pericia de la periodista, sino por la empanada gallega del gallego».

Ahora que defienden a los moros porque matan a cristianos, en lenguaje bereber “atar a la parienta a la pata de la cama”, será “atalajacalaestaca”.

«El catenaccio que ayer planteó Sánchez simplemente fue muy deficiente, de equipo pequeño así como de segundones (ustedes me entienden)».

«En lo que sí quiso explayarse nuestro doctor Plagio cum Fraude desde su cristalino “cohete” fue en anunciar su reconocimiento del Estado palestino».

«Estamos hablando de alguien que usa los recursos del Estado a su conveniencia, es decir, a calzón quitao y con la chorra fuera».

«Soy muy escéptico con las casualidades de la vida, normalmente consecuencia de una serie de circunstancias, que en política son siempre causalidades».

«Acusar infundadamente a Begoña implicaba atacar a una institución del Estado/Gobierno, que por aclarar, para ellos es lo mismo».

Ahora se comprende la triste rabieta de las izquierdas, abocadas a su propio fracaso cíclico, y autodestrucción recurrente.