Puchemón ve blandito a Sánchez y cada día que pasa incluye un algo más en el pacto de investidura. Todo un despropósito.
La Portada de Linda Galmor: Puchemón ve blandito a Sánchez

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Puchemón ve blandito a Sánchez y cada día que pasa incluye un algo más en el pacto de investidura. Todo un despropósito.

A Sánchez le ponen cachondo las líneas rojas. – No hay huevos para indultar a criminales. – No hay huevos para gobernar con perroflautas…

No sé, no sé, pero algo está fallando cuando se alega que el propietario de la vivienda como he visto en un cartel es un explotador capitalista.

El nazionalismo de pedanía es decisivo e impone sus condiciones a Sánchez: – ¡Desjudicialización del procès y pastizarra pa disfrutá!

Me quedaba un resto de esperanza para pensar que algo pudiera evitar lo que este 17 de agosto ha venido a confirmar: España no tiene arreglo.

Lo que es seguro es que, en cuanto salga hoy del Congreso, a don Narciso no deberá faltarle un buen asiento junto a Mephisto.

El ‘no es no’ te lleva a Puigdemont. Y Puigdemont te lleva a la desigualdad entre españoles. Y Manolo, en el chiringuito, con su idea platónica de la izquierda

Balada lúgubre de un escuálido tafanario que quiso pasar de pobre a millonario y tuvo que afrontar, por ello, todo un calvario.

Un dictadorzuelo es como la mortaja de un cadáver putrefacto, a todos espanta, a todos molesta, y a todos les huele fatal.

El chantaje catalán y Vasco decidirá la Mesa del Congreso. – No a los fachas del PP. – La única extrema derecha está en Junts per Puchemón y PNV.

Mientras Sánchez está de vacaciones en La Mareta… A Feijóo sólo le falta hacerse un Amaral. Esta semana se constituye la mesa del Congreso y huele a nacionalista.

El enrarecido clima social y político que se respira no parece cambiar al mismo ritmo que lo está haciendo el de la naturaleza.

En el Salón Scalextric de La Mareta. – Nadia, que te pillo… (PUM, el Porche GT3 de Sánchez sale despedido en una curva y se estrella contra un jarrón chino).

Como dice el refrán: «Más vale una vez colorado que ciento amarillo», y llevamos muchas decenas de años «amarilleando» más de la cuenta.