Él no era sin duda luz de nada y menos de luciérnaga, pero veía como su alma parpadeaba con los sentimientos de antaño.
La noche de las luces de la lejanía. Por Rodolfo Arévalo

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Él no era sin duda luz de nada y menos de luciérnaga, pero veía como su alma parpadeaba con los sentimientos de antaño.

Cabe la esperanza y el consuelo del juicio final en el valle de Josafat, donde todo se aclarará y se distribuirán las culpas de modo definitivo.

Hoy me voy a escribir una carta, una que siempre tuve escondida en mi corazón, y que nunca enviaré a nadie

Mala cosa llegar a un momento como el presente, tiempo de supervivencia, un poquito muertos, casi muertos o prácticamente muertos