Hoy voy a escribir una carta. Por Rodolfo Arévalo

Hoy te voy a escribir una carta.

«Hoy me voy a escribir una carta, una que siempre tuve escondida en mi corazón, y que nunca enviaré a nadie»

Hoy te voy a escribir una carta, una que siempre tuve escondida en mi corazón. En cierto modo es algo oculto, algo porno, porque lo oculto es lo que tiene interés. Pasé mi juventud y adolescencia en soledad, nunca tuve pareja, pareja verdadera, esa mujer a la que se puede llamar novia. Tampoco fui conocedor del motivo. Me dijeron muchas veces que no tenía malicia que era muy bueno con las chicas y que para crear interés hay que ser malote, que las chicas buscan un tipo de hombre que sea duro de roer no puedes ir por la vida con el corazón abierto de par en par. Yo sin embargo siempre creí que esto eran estupideces y claro, sufrí las consecuencias.

La primera consecuencia la soledad. Mi juventud fue solitaria, larga, lenta, monótona y carente de emoción. Me enamoré de quién no tenía ningún interés por mi, pero no fui consciente hasta el día en que me llamó para decirme que estaba feliz, que salía a divertirse, y ya no se quedaba en casa tocando el piano, incluso cuando yo iba a verla y era su madre quién, imagino que por pena, hablaba conmigo mientras ella seguía a lo suyo.

Recuerdo también algunas fiestas de año nuevo en las que esperé en su casa hasta que volviera de la fiesta, cuando en principio había quedado ir a verla. Recuerdo al guaperas que se la llevó y del que tuvo que separase tras tener dos hijos porque no se ocupaba de estar con ella. Recuerdo tantas cosas que no fueron agradables que mi juventud contemplada desde la distancia fue una autentica M.

Menos mal que todo esto no me impidió estudiar la oposición para mi trabajo que saqué con treinta años, mientras daba clases del tema en una academia. Luego sí, ya me encontré a la única mujer que me hizo caso en esta vida, no sé si por equivocación, imagino que nunca lo sabré, sé que la hacía reír y esto parece ser importante. En esos momentos tuve y sigo teniendo una amiga, solo amiga, pero mejor que muchos de los que se decían por entonces amigos, que me ayudó a estudiar, me tomaba los temas del examen y no me pasaba una. Nunca he sabido como agradecérselo.

Hoy en día, tanto ella como yo estamos felizmente casados con nuestras respectivas parejas y seguimos siendo amigos, a falta de mi amigo José Ramón que murió este año y de mi amigo Pipo al que es difícil ver porque trabaja de cocinero, y muy bueno.

Me casé con una mujer que me conoció en el momento más bajo de mi vida, en el que cualquiera hubiera podido acabar conmigo emocionalmente porque creía no valer para nada, me consideraba un despojo de ternura desaprovechado y condenado a la podredumbre. Eso sí, con muchas fantasías.

Debo de ser de las pocas personas que no añoran su juventud, sino que más bien la aborrecen. Y aunque muchas veces he pensado en como hubiera sido si yo fuera de otra manera, no me quedan muchas ganas de volver a ese tiempo. No es que mi vida sea para tirar cohetes de fiesta, pero desde luego es mucho mejor que en la juventud, eso incluidos dolores de artrosis varios. Solo me falta lo de siempre saber buscar e integrar amigos, no como los que en mi juventud se aprovechaban de mi más que darme amistad. Y es que siempre debí de ser bobo, más bobo que ahora mismo.

Sí me río de mí mismo sí y no me importa nada, ¿por qué he de reírme, no hay motivo y tampoco ha de importarme hoy día, si el futuro ya llegó y ahora está en camino de terminar? ¿Por qué cuestionarse lo que ya no tiene ni tendrá remedio? Puedo quizás escribir alguna novela más en la que vuelque el amor, el odio, la ironía, es espíritu más encarnado y la risa, pero ¿de qué sirve ya?

Recuerdo que a los amigos siempre los llamaba yo para quedar, nunca, creo que jamás ninguno me llamó y hoy día siguen sin hacerlo, si quiero verlos el que llama soy yo y es que sigo siendo genio y figura, vamos que no escarmiento. Mando muchas veces a algunos a esparragar, pero quizás solo me lo digo a mi mismo, vamos como decía mi hermana, que en paz descanse “que te frían un paraguas”. Eso, paraguas, me han frito por toneladas, tantos que seguro que ya no me mojo por nadie en ninguna tormenta o huracán. Estos últimos ya casi no existen, porque cuando pasa la vida, como en el chiste, lo que pasa son solo intenciones, palabras, palabras que ya no tienen sentido. No lo tienen porque están tan de vuelta que nunca llegarán a ninguna parte, a ninguna parte de la que desees respuesta. Solamente son vahos perdidos entre brumas inexpresivas y carentes de corporeidad, palabras, palabras vacías que como decía la canción de los Bee Gees, “… Son palabras nada más, que dichas con amor hablan del corazón”. Por eso “tu sonrisa esperaré en el momento del adiós” y… Nada…nada… nada de nada…

La vida era esto que ha pasado en un suspiro, y me doy ya por vencido. Por eso hoy me voy a escribir una carta, una que siempre tuve escondida en mi corazón, y que nunca enviaré a nadie. En cierto modo es algo oculto, algo porno, porque lo oculto es lo único que tiene interés.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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