No sé si se puede decir en mi caso eso de viejo que se cura cien años dura, pero por lo menos sirve de consuelo.
Las elecciones, una alegría más para mi cuerpo mayor e insano, pero viejo no. Por Rodolfo Arévalo

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No sé si se puede decir en mi caso eso de viejo que se cura cien años dura, pero por lo menos sirve de consuelo.

Creo que no se puede denominar de otra manera la decisión que he tomado en el día de hoy producto de la pérdida de mi sentido común.

El edadismo es una forma de discriminación social por cuestión de edad que afecta a muchas personas mayores.

Por no perder la inocencia juvenil es por lo que reírse de uno mismo está bien. Es algo que difícilmente puedes hacer antes de pasar a una edad.

Una carta, una llamada, una visita. Nunca es tarde para decir “te quiero”. Mañana puede ser demasiado tarde.

Por mucho esfuerzo que uno haga, cuando el lavado de cerebro de la población ha sido exhaustivo, parece imposible volver al sentido común.

El paso de los años por nuestras mentes hace incrementar escandalosamente el número de nuestros cotidianos y numerosos despistes.

Lo mismo que se jura o se promete, se puede herir al otro, solo, con hablar. Y el “vale” puede contribuir a aplacar los ánimos. Bienvenida sea a nuestro diccionario coloquial.

Siempre que veo imágenes de una residencia para mayores me viene a la memoria un viejo chiste: como la casa de uno…

Cada mañana nos despertamos con una promesa nueva por parte de los políticos de turno a la caza del voto. La última el cine barato.

La extrema izquierda odia a los mayores. Les patean, se encaran con ellos, jalean a los okupas de sus pisos y son de eutanasia rápida.

Sánchez «el ilusionista» prometió a los yayos las entradas al cine los martes por 2 €urillos. 10 milloncejos de na’ cuesta el detalle.

Inopinadamente las vértebras me pinzaron un nervio y el fuerte dolor, medio paralizó mi cuerpo. Ahí surgieron las “manos de plata de Nati”.

Carlos III fue coronado ayer y llevado a la residencia de mayores de Buckingham. Carlos III el Rey Yayo.