
Acabo de oír a la abogada de la organización (supuestamente) extorsionadora en su alegato final contra la Infanta.
O yo me perdí ese día la clase o no me enteré cuando lo explicaron porque, hasta hoy, había estado convencida de que las acusaciones debían basarse en hechos probados, no en lo que una abogada de la acusación cree que pasó o lo que la acusada, la Infanta, debió hacer.
Es decir, ni un hecho ni un dato, solo que ella, la abogada de la organización (supuestamente) chantajista cree que pasó. ¿Esto es lo que sale de nuestras Facultades de Derecho? Pues tal vez sería mejor que no hubiese una en cada esquina y que fuesen mejores.



Justicia a la carta.