
«Si hay algo que no logro entender en esta vida, es como hay todavía gente que a pesar de los millones de muertos, puede creer en las políticas comunistas»
Si hay algo que no logro entender en esta vida, es como hay todavía gente que a pesar de los millones de muertos, torturados, desaparecidos, encarcelados, deportados, etc…puede creer en las excelencias de la aplicación de las políticas comunistas. Esto además de que siempre y está demostrado, hasta en China que han adoptado el sistema liberal en el comercio, produce miseria y hambre en gran parte de la población que lo sufre, es una política que no resiste la más mínima credibilidad, porque está basada en suponer que lo que funciona a un nivel genético es la selección de grupo y no la de individuos, como es en realidad.
Ya sé que fastidia mucho comprobar que la naturaleza no es justa, y no lo es precisamente porque no puede serlo. Darwin demostró que esto es así y poco a poco el Darwinismo moderno ha demostrado que la evolución aparte de seleccionar para sobrevivir a los individuos más aptos, también se produce de manera aleatoria por mutaciones en las cadenas genéticas, que si benefician al portador le seleccionan como ganador.
En muchas personas de Europa causa cierto prurito la cultura americana, porque está basada en las capacidades individuales y en situar a los individuos en el estatus que deben ocupar según inteligencia y motivación, más que en su titulación. Aunque a veces y de inicio pueda ser cuestión de suerte, si no es refrendado por el día a día, dura poco gracias al despido. Porque realmente eso es lo que cuenta si se quiere ser eficaz. De nada me sirve tener un ingeniero superior de telecomunicaciones en una empresa si no tiene lo que aquí llamamos sangre y que no es ni más, ni menos que la capacidad de pensamiento, la velocidad de reacción y la motivación suficiente para menear el mundo que le rodea en beneficio de su empresa o el suyo propio.
En un país como éste en el que abundan los publicistas de las políticas comunistas pero también los vagos que se escaquean de trabajar en cuanto pueden, que mienten por sistema, o que denigran a quienes se esfuerzan, no es posible conseguir grandes cosas. Achacamos la notoria falta de formación de los alumnos a la falta de medios, y no es verdad, esta falta no se produce por los recursos, se produce sobre todo por la discriminación que sufren, entre sus congéneres, los alumnos brillantes y esforzados. Los demás tratan de ridiculizarlos llamándoles empollones y cosas por el estilo. Se atribuye la huida de cabezas pensantes y geniales a la falta de trabajo aquí en España, pero no nos damos cuenta de que aquí no se quedan los buenos, no porque no haya dinero para pagar, que también, si no que no hay voluntad de premiar el genio y el talento y sí más bien el deseo de ver fracasar a quién puede hacerme sombra en el trabajo.
Como en toda la trayectoria vital, este es el país que premia a los mediocres y poco esforzados contra los excelentes y esforzados. Al parecer siempre ha sido así aquí. No sé si se debe a la caradura mediterránea o a los genes adquiridos tiempo ha de otras culturas también un tanto raras. Es una lástima que, todo esto que aquí ocurre, sea recogido por los sembradores de las ideas igualitaristas tiránicas de las políticas comunistas, para engañar a los tontos que quieran oírlas, porque el país es el caldo de cultivo ideal para esas grandes masas desinformadas, que no viven, si no que se dejan llevar arrastradas por el flujo general imperante de soniquetes, repiqueteantes y atontadores de la voluntad esparcidos por los medios de comunicación, tanto los manipulados, como los que no.
Esa incapacidad manifiesta de pensar por si mismo, es natural precisamente porque las sociedades mediterráneas premian esa vagancia crónica y esa caradura. ¿Es un asunto genético? Probablemente sí, porque estos individuos superan en número al de los otros. Un autor decía que el número de psicópatas, y no comparo con lo que estoy evaluando, crece bastante, precisamente porque el hecho de que haya más personas reproduciendo su ADN, contribuye también a que se multipliquen los errores de enfermedad mental. Esto ocurre paralelamente con los pensamientos laxos y pueriles que creen que el Estado les debe todo, por el mero hecho de existir. Deberíamos pensar que esto tiene que cambiar, porque mal vamos. Nadie tiene la culpa de ser más listo o más tonto, depende del azar, pero sí tiene la culpa de hacia donde dirigir la sociedad.
