El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodea y la Ley de Cadena perpetua revisable

LA LEY DE CADENA PERPETUA REVISABLE.
El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodea y la Ley de Cadena perpétua revisable

 

 

“Desde la perspectiva de la sociedad, los psicópatas nunca se han apartado del camino, porque nunca han estado en él; bailan al ritmo de su propia música”

 

 

 Llevamos un tiempo a la gresca entre ¿Progresistas? y ¿Conservadores?; ¡Que dos términos más estúpidos! que debieran dejar de existir por los de realistas de la sociedad libre e idealistas de la sociedad dictatorial y encarcelada; acerca de la ley de prisión permanente revisable. En particular siempre he creído que hay crímenes, como los de asesinato por ideas políticas o religiosas u otro tipo de ellos infligidos por tipos perturbados mentales que no deben tener ningún tipo de perdón. Realmente porque esos tipos no se arrepienten. Quién no respeta las ideas de los demás, expresadas pacíficamente o legisladas en unas normas que conforman un Estado de Derecho, no tienen derecho a ser tratados de la misma manera que la generalidad de individuos que aceptan estas reglas del juego, que evitan que esto sea la ley del más fuerte, el sálvese quién pueda y la ley de la selva.

Hay una cosa que llevo defendiendo desde hace tiempo y es que los individuos que son capaces de matar a sangre fría, no pertenecen a un “común” humano, más bien parecen humanos desnaturalizados y como tales no pueden gozar de los beneficios que protegen al resto de las personas. Nadie por asesinar en un arrebato de furia o de celos debería ser condenado a cadena perpetua, siempre y cuando demuestre arrepentimiento y cumpla la pena que se le impuso en su momento. Pero solo por esas causas o por imprudencia. Pero desde luego el que racionaliza la muerte, como un bien de intercambio, para conseguir propósitos políticos o religiosos, no debe ser tratado igual, más en el caso de que incluso, como en el caso del terrorismo Islámico, desprecie su propia vida; por más razón si cabe.

La gente se extraña de que las penas de cárcel están para castigar los malos comportamientos humanos, no, no está hecha para reinsertar. Puede que reinserte un penado si cumple los requisitos para la reinserción y está realmente arrepentido, pero hay casos en que esto no se cumple y peligrosos asesinos, timadores, pederastas y gentes de todo pelaje, no solo no se reinsertan si no que consiguen convencer a los funcionarios de las bondades aprendidas con la pena y sus esfuerzos por resultar buenas personas a largo plazo. Pero vuelven a asesinar, a robar, a mentir y dejar a millones de personas en la calle etc…

Estos son los psicópatas. Creerán ustedes que son pocos ¿no?. Pues están muy engañados según han ido creciendo las sociedades en número también ha aumentado la proporción de psicópatas. En una población como Madrid su número puede ser superior a cien mil. Estos no son solo los que se presentan en las películas como asesinos y torturadores de sus víctimas. Los hay de todo tipo y pueden estar a nuestro alrededor, es más no nos daríamos cuenta porque suelen ser personas encantadoras y triunfadoras muchos de ellos. Pueden ser empresarios, militares, jefes de empresa, maridos, mujeres, hijos etc…

Y desde luego acaban con la gente que les rodea con tal de conseguir un único objetivo, el suyo, su complacencia; sea esta la que sea. Hace poco cayó en mis manos este libro de la imagen que acompaña, publicado por PAIDOS y del Doctor en Psicología Robert D. Hare, cuya experiencia en el estudio de los sicópatas ha durado treinta años de profesión y ha creado un chequeo especial para encontrar al psicópata, que trata de esconder su enfermedad, de la que él por supuesto no es consciente, porque carece de consciencia y de empatía.

Hacia el final del libro señala: “En un sentido amplio, estos principios se basan en la premisa de que la mayoría de los programas penitenciarios (de reinserción) no funcionan en el caso de los psicópatas. La razón es que estos programas intentan devolver a la persona al camino correcto. Desde la perspectiva de la sociedad, los psicópatas nunca se han apartado del camino, porque nunca han estado en él; bailan al ritmo de su propia música”. Hay que pensar en esto porque demuestra, después de doscientas ochenta y dos páginas, que hay individuos no recuperables y que hasta que se encuentre una forma de rehabilitación médica o psiquiátrica; no se sabe si se conseguirá algún día; no pueden estar en libertad si cometen delitos. Puede que la lectura de este libro aclare las mentes si no son las de cabestro de algunos de nuestros políticos. Porque se deben a la mayoría de la población y no al porcentaje de psicópatas que se nutren de ella.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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