Quien es fiel en lo muy poco lo es también en lo mucho, y quien es injusto en lo muy poco, es injusto en lo mucho

El periquito. Un pájaro fiel a su pareja de por vida
El periquito. Un pájaro fiel a su pareja de por vida

“Quien es fiel en lo muy poco lo es también en lo mucho. Hace unos días fui al hospital con motivo de una intervención que le iban a practicar a…”

Hace unos días fui al hospital con motivo de una intervención que le iban a practicar a… en fin que fui al hospital. Caminaba por el hall principal en dirección a la salida, y justo cuando atravesaba el umbral, escuché una voz por megafonía que recordaba a los usuarios la prohibición de fumar dentro de todo el recinto hospitalario. Decirle a alguien que está prohibido fumar dentro de un hospital me parece redundante, pero en fin, somos olvidadizos, así que. Inmediatamente después, la misma voz de mujer, pasaba a aclarar qué áreas concretamente, eran consideradas “recinto hospitalario”. Especificando, de un modo, a mi parecer bastante entendible, que la zona en la que se hacía efectiva la prohibición, era todo aquel espacio que estuviera situado dentro de las vallas que rodeaban el perímetro.

No había andado más de siete u ocho pasos cuando veo a una persona detenida a pocos metros fumando un cigarrillo. Lo mismo es sorda o estaba distraída y no lo ha escuchado, pensé. Pero a escasos metros de allí, una pareja charlaba y reía animadamente, portando sendos humeantes cigarrillos. Estos como están de cháchara tampoco se han enterado, razoné. Pero en la acera opuesta, una mujer que daba la impresión de estar esperando a alguien, fumaba pausadamente mirando a su alrededor con aparente desinterés. Esta sí, se ha tenido que enterar a la fuerza. Para colmo, en ese instante pasa junto a mí un enfermo, con su pijama de hospital, cuya parte superior no se abría del todo gracias a un triste y solitario botón que amenazaba con caerse de un momento a otro, sus chanclas, su cabeza vendada y un cigarrillo encendido entre los labios.

“Hasta llegar a la verja que marcaba la frontera entre el recinto hospitalario y el exterior del mismo, conté a nueve personas fumando”

Y este. no fue el último, porque hasta llegar a la verja que marcaba la frontera entre el recinto hospitalario y el exterior del mismo, conté a nueve personas fumando. Como si la locución que unos segundos antes se había podido escuchar con la misma sonoridad con la que escuchamos al camión del tapicero, hiciera referencia a otro hospital ubicado en otra ciudad a kilómetros de allí, y por lo tanto no afectara a las personas que en ese instante deambulaban por el recinto hospitalario.

El caso es que mientras me dirigía al aparcamiento, me vino a la cabeza una cita del evangelio de Lucas, donde dice que “quien es fiel en lo muy poco lo es también en lo mucho, y quien es injusto en lo muy poco, es injusto en lo mucho”. En fin, es cierto que los mencionados fumadores estaban en un espacio abierto, y tal vez consideraron innecesario cumplir una norma que le parecía absurda. Seguro que todos hemos actuado así en una situación similar. Pero eso me llevó a reflexionar que, si todos empezamos decidiendo qué normas o leyes nos parecen adecuadas y cuales nos parecen absurdas, ¿No corremos el riesgo de que la línea cada vez se haga más fina y al final acabemos “pasando” de la ley y decidiendo cual ley debe cumplirse y cual no, en función de que nos convenga o nos interese? ¿Será que quien tiene los principios de respetar y cumplir una norma pequeña, es más propenso a cumplir una ley mayor y viceversa? Y por ende, ¿si una sociedad está educada en el respeto a las normas más pequeñas, lo será también con las más importantes y como consecuencia será una sociedad más segura y más justa? En fin, quizás estoy yendo demasiado lejos y dándole importancia a cosas que no las tienen. O quizás no.

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Jorge R. Rueda

Jorge R. Rueda

Nací al principio de mi vida, pero no me di cuenta de ello hasta que cumplí los treinta. Entonces descubrí que el mundo es un lugar hostil y que a través de la literatura tenía la oportunidad de rediseñarlo a mi manera, aunque no sirviera realmente para nada. De lector me convertí en escritor. Soy autor de cuatro libros; El don de olvidar y otras historias, La conciencia dormida, Diario de un presunto suicida y Gente corriente y ahora me estoy replanteando volver a ser lector, lo que se me da mucho mejor. Me encanta Nueva York, aunque vivo en Murcia por razones prácticas. Antes crecí y viví en Granada. Suscribo la frase de que uno no es de donde nace, sino de donde pace. Me gusta Mahler, el vino tinto, la cerveza y las bandas sonoras. Los cómics de Batman y la gente corriente. Vivo y dejo vivir.

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