
«Debo reconocer que, en principio, pertenezco a la llamada Cultura del Comic, y que una parte de mí se forjó asumiendo durante el tiempo que tardaba en leer cada ejemplar»
Debo reconocer que, en principio, pertenezco a la llamada Cultura del Comic, y que una parte de mí se forjó asumiendo durante el tiempo que tardaba en leer cada ejemplar, la idiosincrasia de Thor -mi amor de comic-, los Cuatro fantásticos, Superman…, y todos aquellos superhéroes que transitaban por las publicaciones españolas del momento.
Para mí, resultó muy satisfactorio, cuando hace ya años, emergió la corriente de pensamiento que aceptaba sin ambages la “Cultura del comic”, poder demostrar a mi madre, sin convencerla, claro, de que aquellos paquetes de tebeos primero y comics después, que yo introducía en mi casa diariamente, bien escondidos bajo el abrigo después de haberlos cambiado en la tiendecita de abajo, donde se dedicaban a cambiar toda clase de publicaciones, eran en realidad ¡Cultura! Y que yo, no había sido “una vaga sin metas que pierde el tiempo sistemáticamente, por lo que indefectiblemente será una fracasada en la vida etc.,” sino que estaba “estudiando” sobre la vida sin saberlo.
En realidad, a mí y a todos los jóvenes de entonces, sí que nos enseñaron cosas los comics. Además de una cualidad muy importante que se llama “Fantasía”, todos ellos guardaban una lección y mostraban personajes de férrea ética amor por el prójimo, valentía, generosidad, nobleza… Y una serie de virtudes que se deben aprender, y si se puede, integrar como principios del ser, que puede elegir entre ser “humano” o continuar como trozo de carne con ojos, sobreviviendo con mayor o menor fortuna; hasta que, después de haberse reproducido, pagado unos cuantos impuestos, utilizado varios coches, y sufrido, muchas veces en trabajos que no importan nada; además de padecer momentos políticos terribles, a veces guerras, diera el último suspiro pasando a convertirse en un adoquín más del suelo siniestro del Infierno de Dante.
También los malvados tenían para nosotros lecciones, donde mostraban lo negativa que es la soberbia, el odio, la ambición desmesurada, la venganza y todas las demás cualidades inversas del mal.
Así pues, la educación añadida que comics y tebeos regalaron al subconsciente de muchos ayudó a los educadores a introducir en las mentes infantiles y juveniles del momento, principios importantes para pulir la sensibilidad del futuro ser humano.
Ahora, que viene al caso, recuerdo con cariño a un personaje de tebeo, un emir o algo así que pasaba la vida practicando retorcidas conjuras y ejecutando toda clase de trampas siniestras porque quería “Ser califa en lugar del califa” y que me recuerda mucho a los avatares entre nuestros ínclitos Rajoy y Sánchez, al que se le están volviendo de cara sus propias maniobras cuando decidió ser “Califa”.
Yo espero que Rajoy haya leído muchos comics, de lo contrario, estará riéndose a mandíbula batiente tirado en cualquier sofá. Aunque lo dudo, pues es alguien de una gran formación y bastante ecuánime, lo que indica una buenísima educación. Jamás pese a los avatares se le vio un solo gesto de odio, ira, o desprecio y mucho menos se le escuchó amenaza alguna como “Sus vais a enterar” o similares. Lo cual para el conductor de un país es cualidad imprescindible.
