
«De nuevo hoy el diario Público enseña la patita del mal periodismo, al atravesar la frontera roja del oficio que traspasan los periodistas amancebados»
De nuevo hoy el diario Público enseña la patita del mal periodismo, al atravesar la frontera roja del oficio que traspasan los periodistas amancebados, con la publicidad que publica del nuevo serial que hoy han estrenado los guionistas del palacio de la Moncloa liderados por el tan creativo como infatigable trabajador Iván Redondo, auténtico muñidor de ese nuevo estilo de gobierno sanchista que se basa en el poder de la imagen, el embrujo mediático, las impactantes coreografías y los fuegos artificiales inventados por la millonaria industria de Bolywood.
Gracias a su poderío mediático, y su buen título, «Francotirador intentó asesinar al Presidente», la serie comienza con una gran audiencia y unas enormes expectativas por parte de los españoles que, en mayoría, hemos consumido durante esta mañana el primer capítulo en el que hemos conocido que el lobo solitario lleva ya un mes encarcelado y, claro está, esperamos, ansiosos, el continuará al trepidante ritmo de los telediarios.

«Y es que este nuevo serial está creado para el éxito con ese gran hallazgo de un malvado protagonista: Un veterano de nombre Manuel Murillo, dispuesto a sacrificarse por España»
Y es que este nuevo serial está creado para el éxito con ese gran hallazgo de un malvado protagonista: Un veterano de nombre Manuel Murillo, dispuesto a sacrificarse por España, de profesión vigilante jurado, y que gracias a la intervención de la policía autonómica catalana no ha podido realizar el magnicidio planeado como respuesta a la sacrosanta Ley de Memoria histórica y ese ético afán progresista, inspirado por el bien común y la convivencia, del presidente de España de exhumar los restos del dictador Francisco Franco. Estamos apañados a partir de hoy En España con los franquistas frustrados y su capacidad para consumar cualquier crimen. Lean con atención el remate de la noticia. Un auténtico ejemplo de periodismo amancebado con el poder:

«En ciertos temas hay que extremar las precauciones por las responsabilidades sociales del oficio. Es el caso de las hoy conocidas como fake news»
En todas las redacciones profesionales del mundo se sabe por las leyes no escritas que transmiten los veteranos, los responsables de las diferentes secciones y, en última instancia, por la dirección, que en ciertos temas hay que extremar las precauciones por las responsabilidades sociales del oficio. Es el caso de las hoy conocidas como fake news y el clásico de la ética periodística que subraya la importancia del debate sobre la difusión de las noticias de suicidios. Una auténtica raya roja que el diario Público ya traspasó sin ningún tipo de rubor cuando los desahucios se convirtieron en España en principal razón de propaganda políica.
Siempre mantuve que para escribir de política tanto nacional como internacional no hacía falta sudar pateando la calle. Bastaba con un par de llamadas telefónicas a unas ricas fuentes y regurgitar el acomodado pero áspero sabor de la moqueta.

«Las arcadas que produce el auténtico olor de la injusticia de los mamones que creen tener la razón y por ellos se consideran superiores»
Todo lo contrario que trabajar en el área de sociedad donde es vital saber oír sin las presiones bastardas del interés compuesto y tener que resolver los sucesos, el área informativa que acerca al profesional a los sentimientos y hechuras humanas mas innobles, como el odio, las pasiones, el amor, la muerte y, que por tanto, asegura a los primerizos esas arcadas que produce el auténtico olor de la injusticia de los mamones que creen tener la razón y por ellos se consideran superiores.
Una barbaridad en la que sin prejuicios de oficio entró el diario Público como se puede leer en la ilustración que encabeza esta pequeña reflexión. Y que hoy repite en ese remate de la noticia de rigurosa actualidad. Luego hablan y hasta pontifican con autosuficiencia del periodismo, de su crisis y de sus necesidades, de la verdad y hasta del compromiso profesional en sus consejos informativos o esas jornadas subvencionadas en las que me da la impresión que se fuman hasta los ácaros de la moqueta para expandir su ego trasnochado y claro está se ponen de acuerdo en la necesidad imperiosa de imponer su verdad.
