La mente, la educación anquilosada y el universo de los sectarios. Por Rodolfo Arévalo

La mente y el universo
La mente y el universo

 

“A los doce, después de haber estado en un colegio francés en el Havre, no me sentí especialmente motivado con el sistema de estudios en España”

Hoy cumplo sesenta y cuatro otoños. Yo ya, desde joven, he cumplido otoños, vamos desde el mismo día en que nací. Creo que la gente que cumple otoños, es soñadora. No tiene miedo a la muerte porque vive inmersa en el ocaso de las vidas que le rodean y lo asume como algo lógico, el final de una etapa. Recorre toda su vida un eterno abandonar el verano, para pisar sobre el manto de hojas doradas de los paseos y jardines.
Cuando era joven celebraba mi cumpleaños con la familia y poco más, estábamos fuera de España y no me daba tiempo en un par de años a hacer amigos ni siquiera de peguilla. De hecho, mi mejor amiga fue siempre mi hermana, que desgraciadamente murió hace ya unos años. Luego más tarde, ya estando en Madrid, no se si por mi carácter o porque no había enraizado ese sentimiento de la amistad en mi, nunca lo celebré hasta que casi era ya un adulto. No sé si en mi vida han influido o no mucho los amigos; siempre fui por libre. Mi familia no era pobre, mi padre era alto funcionario, pero yo nunca me sentí en ese reducto de personas exclusivas y pijas, como dicen algunos. En el colegio me decían que era descuidado en mi manera de vestir y en mi comportamiento, pero puedo jurar que eso siempre me resbaló. Es más no encajaba en absoluto en esos parámetros de “sense nobilate”, “snob”, o nuevo rico, según decían los que me conocían.
Siempre hice lo que quise, aunque eso significase hacerme el Sueco y no atender a razones ni a cantos bien intencionados de verdad. En el bachillerato pasé como por dentro de una nube, sin ver, sin oír y sin sentir. Solo sentía en mi casa cuando leía, oía música, o me dedicaba a hacer dibujos, esculturitas con alambre, o escribir canciones. No me interesaba para nada lo reglado, los estudios. Incluso las actividades extraescolares me tenían sin cuidado y las dejaba de lado.
Años antes, a los doce, después de haber estado en un colegio francés en el Havre, no me sentí especialmente motivado con el sistema de estudios en España. Acabó de confirmar mis temores el hecho de que el profesor tras la primera clase dijera: “La lección primera del libro para mañana”. Que distinto era todo aquello en comparación a mi colegio de Francia en el que siempre fui el primero o el segundo de la clase. Aquí no, en El Colegio del Pilar de Madrid siempre estuve renqueando a trancas y barrancas entre los últimos de la clase. No es por echar balones fuera, pero ¿quién tuvo la culpa? ¿Quién había cambiado? ¿El alumno que seguía interesado por mil cosas, o el sistema educativo?

 “Me habían enseñado, en Francia, a buscar datos en la biblioteca más que a saber las cosas como un papagayo”

Yo me inclino a pensar que era el sistema educativo reglado hasta el más mínimo detalle y el uso memorístico en vez del razonamiento y la deducción. Me habían enseñado, en Francia, a buscar datos en la biblioteca más que a saber las cosas como un papagayo. Había que razonar los escritos, fueran de lo que fueran y expresar tu opinión, fuera esta acorde al sistema o un verdadero anatema. En resumidas cuentas, la Libertad, que se respiraba aquí en España entre las personas en la calle y en las relaciones, no corría pareja al sistema educativo.
La educación sigue anquilosada
La educación sigue anquilosada

 “La educación sigue anquilosada y encorsetada, no favorece al inquieto de mente, al que quiere aprender de verdad, a su ritmo y relacionando temas”

Lo malo es que cuarenta y tantos años después la educación sigue anquilosada y encorsetada, no favorece al inquieto, al que quiere aprender de verdad, a su ritmo y relacionando temas. No favorece la inteligencia y el conocimiento, tan solo la memoria. Eso es devastador. Cuando con catorce años me enseñaron la teoría de conjuntos y el Álgebra de Boole, jamás me dijeron para que servía. Con lo cual yo consideraba aquel conocimiento algo absolutamente inútil.
Ya de adulto leyendo La nueva Mente del Emperador de Penrose, el matemático de Stephen Hawking, comprendí para lo que había servido. Para el desarrollo de ordenadores. Tampoco me interesó la historia, porque había que saber nombres y fechas, porque sí, y no las razones y circunstancias que provocaron los acontecimientos y que realmente es lo interesante de la asignatura. Solamente la Biología, que ahora se denomina de esta manera tan fea, “Conocimiento del medio”, era de mi agrado, así como la química orgánica y la física, que hubiera aprendido mucho mejor si hubiera tenido maestros implicados en la manera de interesar a sus alumnos.

 “No me extraña nada el alto índice de fracaso escolar que tenemos ahora en España”

Sí hubo un profesor, cuyo nombre se me ha borrado de la memoria, que me enseñó muy bien y al que debo haber recobrado el interés por la historia del arte. Un profesor como la copa de un pino, sabía enseñar y motivar. Después de todas estas consideraciones, no me extraña nada el alto índice de fracaso escolar que tenemos ahora en España. Los alumnos al no encontrar sus inquietudes en las clases del instituto, se han volcado sobre sí mismos y como leer no está muy de moda en España, ni nunca lo ha estado les ha dado por buscar con narcisismo su salida intelectual, haciéndose interminables autorretratos o selfies, como dicen ahora de pruebas de riesgo en las que frente a los demás son modelos.
Pues nada, a cumplir que son dos días. La vida pasa volando y eso sin tener que hacerte retratos en un ala delta. Modifiquen el sistema educativo y saquen sus manipuladoras manos todos los políticos. Zapatero a tus zapatos dejad que sean los pensadores y educadores los que diseñen el sistema, verán que bien les va.

 

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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