
«Por ese querer ser, Sánchez demostró no ser mas que un lamento ante el que solo cabe un suspiro de vergüenza ajena»
Hace solo tres años y parece olvidada la petición del socialista que se postula de nuevo, sin prisión permanente revisable, para dirigir España al señor Tsipras. Por ese querer ser Sánchez demostró no ser mas que un lamento ante el que solo cabe un suspiro de vergüenza ajena y quizás, de propina al miserable, una sonrisa cínica dedicada a la memoria del esperpento.
Cada día se supera en la idiocia y ahí precisamente, en ese particular burladero cara al público, consiga sus anhelos de dirigir políticamente a España. Aquí todo es posible pero no por mucho tiempo. No lo olviden, el socialista se fotografió con Puigdemont antes de hacerlo con Tsipras en la vieja Europa. Otros dos veteranos como él de la infamia política y que por querer ser, olvidan lo que son: Unos simples deudores por sus apuestas perdidas en el juego de la ruleta rusa social, auténticos ludópatas dispuestos a apostar todo lo que no es suyo en cada mano.
¿Es qué nadie le dijo a Sánchez que Puigdemont por querer ser independentista no tiene dinero ni para pagar a sus funcionarios? ¿O quizás no lo quiso oír, porque él también debe apostar por un imposible futuro en esta vieja Europa que tiene a Grecia como nación de referencia del dislate que cuesta mantener, y con buen sueldo, a millones de ciudadanos subvencionados para que no quemen la paz social.
El socialista vergonzante, y me imagino que hasta para algunos de los suyos, siempre mienta en sus declaraciones públicas con dos palabras mágicas, el progreso y la regeneración, y tampoco se da cuenta que con sus hábitos de embaucador protagoniza la reencarnación de la miseria moral y ética y que ya comparte espacio en cada uno de los círculos del Infierno de Dante. No puede ser presidente. Produce vergüenza ajena.

Bien dices: vergüenza ajena