
«Yo sé que en las redes reina el silencio. La gente ha perdido el ánimo; es general el desencanto por el chasco sufrido»
Yo sé que en las redes reina el silencio. La gente ha perdido el ánimo; es general el desencanto por el chasco sufrido. Profetizo sin mérito que el siguiente será menos duro. El histórico fenómeno Vox, nos hará célebres por generación a todos aquellos vivientes de esta época, porque pasará a la historia como un acontecimiento virtual que modificó, ayudado por otras circunstancias, el futuro político de un país.
Tan espectacular que hasta parece un capítulo de un manual de auto ayuda política: «Conviértase en el Maquiavelo moderno en quince días» – por ejemplo- y cuyo método se resume en: “Divide, divide, divide” …
Hemos visto a personas muy válidas, entusiasmadas con el emergente Vox. No solo a un montón de crédulos inocentes aporreando la tecla en grupos y foros acerca de los valores del nuevo partido. Y sin tener ánimo para preguntar a los demás, me pregunto a mí misma: ¿De verdad estaban tan seguros de que resultaría ganador su partido en las elecciones generales?
¿Ni cerebros preclaros ni otros un poco menos brillantes advirtieron lo que suponía esa división de votos? ¿De qué era necesaria una estrategia más a largo plazo?

«Salgo a la calle, mi calle de toda la vida, y en un recorrido de quinientos metros me encuentro con un montón de carteles de la misma cuerda»
Ahora, como si estuviera tomándome un vino con mi querido “tío de la vara” me rasco la cabeza a su estilo y me digo en su lenguaje: – Pues, Me paece a mí que están mu callaos…
¡Si! Demasiado callados, pero no solo los ejércitos de “me gusta” de Vox. ¡Todos!
Y resulta, que los “ratones” se han crecido. Se han merendado al gato, al queso y a la ratonera, en pepitoria.
Salgo a la calle, mi calle de toda la vida, y en un recorrido de quinientos metros me encuentro con un montón de carteles: La señora mayor abrazada al nenuco que se encontró en un cestito a la puerta del Ayuntamiento; Izquierda Unida, Podemos o Podemas, esas que dicen que están unidas, y algún rostro más de la misma cuerda.

«Todos jugándose Madrid a la carta más alta; pero entre ellos, porque es inexistente cualquier cartel, cualquier insinuación de otras formaciones»
Todos jugándose Madrid a la carta más alta; pero entre ellos, porque es inexistente cualquier cartel, cualquier insinuación de otras formaciones. La película de miedo empieza cuando se percibe que. No es que alguien arranque los carteles, no. Es que no han venido, ¿pa qué?…
Mi barrio es un barrio cosmopolita, (desde que se la oí decir a Zapatero odio la palabra “plural”). Un barrio obrero y de clase media. Grande, por que abarca varios distritos desde Cuatro Caminos a la Plaza de Castilla. Siendo la zona de Tetuan la más conflictiva.
De toda la vida tomado por chinos, después por sudamericanos, y por último por islamistas.
Sus rincones se han vestido de todos los colores, razas y culturas. De cien personas que circulan por sus calles, muy pobladas, 90 son de otros lugares. 5 indeterminados y el 5% restante autóctonos. Esa “pluralidad” lo salva por el momento de convertirse en un gueto. Aunque, todo se andará.
Actualmente, políticamente esta tomado por la chusma podemita. Todas las izquierdas sienten su paraíso en este batiburrillo de calles. Y pudiera ser que los otros, ni se molestaran en dar la batalla en este “Desembarco del Rey” (Juego de tronos) porque ya está tomado.
Sería el momento de luchar. Pero la multitud está desencantada: y esa es la carta de más valor para los roedores en este juego cutre donde todo está escrito de antemano.
