
«Intuye que la idea de detener a Puigdemont que anunció en el debate le aportará un tsunami democrático de votos mucho mayor que aplicar la Constitución en Cataluña»
Al lado de su colchón y la que cree su casa, Sánchez recibe en la Moncloa a RNE, otra de sus casas ocupada, en la que cree una mañana más de su infinita campaña electoral que ahora está a punto de terminar. Para engañar, esa profunda esencia de sus andares enfermizos, las imágenes que vemos de la grabación radiofónica muestran un forillo que oculta las paredes del palacio presidencial de España.
Está cabreado por los amargos posos de los comentarios tras el debate a cinco, por su visita a Valladolid donde los vecinos de un barrio modesto le han increpado, pero sobre todo se encuentra, en su soberbia infinita, totalmente desquiciado porque sus asesores le han dicho en el desayuno, que la elección a la lista más votada requiere de pactos parlamentarios para modificar la ley y sabe que le quedan pocas, muy pocas cartas.
Pero nadie de su corte de aduladores le ha dicho que no es el Rey Sol y ni tan siquiera pude comportarse aquí, en España, y por mucho que le cubra la legión de comunicadores subvencionados, como Maduro en Venezuela.
Intuye que la idea de detener a Puigdemont que anunció en el debate le aportará un tsunami democrático de votos mucho mayor que aplicar la Constitución en Cataluña. Porque él lo vale en esto de la política que no es otra cosa que mover las piezas en función de las terceras y cuartas jugadas. Así no molestará a ERC y mucho menos al PSC. Es el mejor, el Amo y señor, el megalómano, que cree estar por encima de la ley porque la ley también es suya, como los jueces y los fiscales. Y va, fuera de sí, y con insolencia suelta su variante de la famosa frase de Usted no sabe quién soy yo. – «¿La Fiscalía de quién depende? – Del gobierno?
En conclusión, que voy a detener a Puigdemont porque la fiscalía es mía. No pasan muchas horas y todas la asociaciones de fiscales ponen el grito en el cielo, pero además Puigdemont encuentra un nuevo asidero legal para continuar riéndose de España porque en esencia la democracia existe por sus formas y el respeto a los demás, por la separación de los tres poderes y el respeto a la ley. Minucias para el felón que esta noche ha soñado con la necesaria detención de Puigdemont, para sus propios intereses. Está claro que cada día que pasa este peligro para la democracia en que se ha convertido Sánchez, y sigue en el poder, el destrozo para España, será si cabe, más irreparable.
