Mi plegaria para cuando termine la tormenta y nos queden los muertos. Por Rodolfo Arévalo

En La Paseata estamos muy cerca ya de la vida que significa para nosotros compartir nuestros contenidos. Francisco Javier Capitán Gómez
Mi pregaria para cuando termine la tormenta y nos queden los muertos

«Sí, después quedaran los muertos, los recuerdos de otros días más gratos. No comprenderemos ¿por qué? A veces no hay ningún por qué al que recurrir»

Sí, después quedaran los muertos, los recuerdos de otros días más gratos. No comprenderemos ¿por qué? A veces no hay ningún por qué al que recurrir. Solo es azar, por mucho que algunos políticos se empeñen en que la historia tiene un sentido. No, no lo tiene, lo mismo que no lo tuvo la evolución y aquí estamos por pura casualidad.

Ojalá toda la vida fuera un eterno ensueño, donde ingrávidos nuestro cuerpos, volaran de un sitio a otro, llevando ternura. No sé que razones tiene la mente para hurtarnos la imaginación de la infancia. Un día ya no podemos volar sin alas y el caramelo que chupamos, no es tan dulce. El color de los globos se ha apagado y sobre la tarta de cumpleaños ya no hay velas. Ni siquiera tú te acuerdas de soplar, los deseos, o están cumplidos, o no llegarán nunca, por muchas velas que apagues.

Entonces realmente te das cuenta de que ha llegado el invierno y la parca, lejos aún, te observa y estudia para saber cuando cortar el hilo con la guadaña. Sabes que tu lugar de descanso será una nueva cuna, ésta grande de madera, eso sí acolchada. Son las cunas en que nos mecerán nuestro deudos y luego, solo se podrá pedir cuentas al maestro armero.

Una vez muerto, ni siquiera las responsabilidades curarán heridas, demasiado tarde para perdonar. Así que no espero nada, nada tengo de más y nada tengo de menos, soy humano y esto basta. Solo hay una cosa que deseo, poder decir “te quiero”, a mi mujer, a mi madre, a mis hijos y a todos los amigos que por el camino se me acercaron.

La vida no es economía, la vida es amor, y amistad, la vida es el deseo de prosperar y tratar de mejorar en el camino. Ya sabemos dónde vamos, pero si se corta el camino, que me pille la muerte enamorado de la vida. Gracias a la tierra que me vio nacer, a esos días y noches que me regalaron tantas cosas que yo no apreciaba y ahora ansío. Dicen que la vida va a cambiar, no sé si para todos, pero sí se que cambiará para los que tengan un poco de sensibilidad. Esto no es una guerra, no obstante gloria y honor a todos los muertos por la enfermedad. Larga vida en paz os deseo a todos.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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