España sufre el síndrome de indefensión aprendida y tenemos que reaccionar. Por Vicky Bautista Vidal

España víctima del síndrome de indefensión aprendida. Ilustración de Tano
España víctima del síndrome de indefensión aprendida. Ilustración de Tano

«Fraudes a gogo y todos aplaudiendo con las orejas la reelección del manta monclovita en las próximas elecciones inducidas»

Yo ya no soy de la Tierra, soy de otro planeta. Pediré la nacionalidad venusina o mercuriana si las encuestas siguen dando un resultado favorable ante nuestras narices al fraudulento presente español. Fraudes a gogo y todos aplaudiendo con las orejas la reelección del manta monclovita en las próximas elecciones inducidas.

Yo, es que me parto. Ahora que se van a abrir las fronteras de Cuba, España Cacasena se entrega al rancio comunismo, al totalitarismo vergonzoso y al hambre. Cuestión de unos pocos, claro. Unos pocos convenientemente untados, obligados por sus promesas a comerse el guiso hirviente de separatistas, castristas, bolivarianos, árabes, pandemias y otro montón de inconvenientes que no solucionarán cesando altos cargos de la Guardia Civil o del ejército o intentando ningunear a la Corona española.

Yo les susurraría con voz profunda aquella frase de “Juego de tronos”: serie a la que tan aficionado es el títere de sus ancestros en primer lugar y luego de todos, ese que dice que le gusta ver partir cabezas de policías: «La noche es oscura y alberga horrores”. Y no sois vosotros los horrores, mal que os pese.

«La gente de a pie padecemos un síndrome inducido al que llaman Síndrome de indefensión aprendida, descubierto por Martin Seligman en animales»

La gente de a pie padecemos un síndrome inducido al que llaman Síndrome de indefensión aprendida, descubierto por Martin Seligman en animales, y que después, se entendió que también podía afectar a las personas. Consiste en la incapacidad de salir de una condición negativa de la que ha creído muchas veces que no puede escapar y cambia sus posibilidades de huir por un comportamiento de sumisión para adaptarse a la situación, sin ser capaz de ver las posibilidades de escape. No ve las puertas abiertas después de varios estímulos negativos, asume esas experiencias y no ejecuta ninguna fuerza para salir del peligro, pese a que existe la salida. Ha asumido obligado que no puede hacer nada y, en el caso del español actual, ha aceptado que los políticos van a manejarle y van a apoderarse de él y ha cedido a las presiones pensando que no puede negarse. En este caso, la sociedad entera es víctima del Síndrome y acepta lo que sea convencida de que no puede hacer nada por evitarlo. Estoy segura de que las grandes mentes que estudian la manipulación de masas ya han considerado el asunto y lo han utilizado de alguna manera.

En las afirmaciones continuas en prensa libre y en las redes, debería cambiarse el concepto “nos van a hacer” por el “nos quieren hacer”, porque esta última consideración, brinda la posibilidad de responder: Ellos quieren, pero ¿Quiero yo?…

«Dado el síndrome adquirido, que ha llegado de la mano de una pandemia  España necesita de un empujón o una puerta abierta»

Es una puerta abierta que, dado el síndrome adquirido, necesita además de un empujón que, en nuestro caso, ha llegado de la mano de una pandemia que ha supuesto una muestra más de los estímulos negativos del sistema político y de las consecuencias económicas que proporcionan un peso en el otro plato de la balanza, peso llamado pobreza y hambre.

Esas manifestaciones en toda España, donde se han integrado por primera vez personas de todas las ideologías, aunque partiera de Vox la iniciativa, y que se han unido para pedir sus derechos y darse cuenta de una vez de su pertenencia a un suelo a un país y a una bandera, son la señal de que no está todo perdido. Todavía, el español, no ha caído por completo en la trampa del enemigo oculto y de sus tontos fantoches objeto.

La Esperanza no ha muerto. La patria no ha muerto. La primera avanzadilla de la resurrección contra el síndrome de indefensión que sufre España, se dio el 23 de mayo del 2020 y solo ha sido la punta del iceberg.

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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