Siglo XXI o la exaltación del papanatas. Por Vicky Bautista Vidal

SIGLO XXI o la exaltación del papanatas. Ilustración de Tano
SIGLO XXI o la exaltación del papanatas. Ilustración de Tano

«Quienes deberían ser una muestra de equidad, equilibrio, razón y cultura nos escupen a la cara diariamente frases no solo ignaras, sino en muchas ocasiones, canallescas»

Características comunes en el ser humano cuando emerge en este mundo caótico nuestro son: la curiosidad, el entusiasmo y la esperanza en el futuro. Curiosidad para atender al entorno y comprender. Entusiasmo para llevar adelante la parte que le corresponde en el “avance” de su civilización. Esperanza para poder creer que puede cambiar algo. Que es posible cambiar algo y que la felicidad es un fin alcanzable.
Durante los primeros treinta años se supone que aprendemos reglas y métodos para enfrentar la vida. Filosofías y religiones para sobrevivir a la decepción, medios para cubrir las necesidades del cuerpo, tan delicado que precisa ser alimentado tres veces al día, contar con un cubículo para protegerse de la inclemencia de la Naturaleza amiga y que según el orden establecido, deben pagarse a precio de oro a sujetos de nuestra misma naturaleza; además de tener que “pagar” por todo lo demás; por lo que el orden humano de supervivencia arrampla con lo único que podríamos utilizar para meditar sobre qué hacemos en este sitio, como hemos llegado aquí. Cual es el fin y que es lo que justifica la lucha continua para poder permanecer un poquito más en esta tierra: “madre” la llaman algunos, pagando plazos, hipotecas, estudios de los hijos, objetos necesarios a la supervivencia, y el intercambio más indigno, que es el de la salud a cambio de dinero etc.
A partir de los treinta llegan el momento de la decepción, el “desaprendizaje” y limpieza de aquellos sellos que estamparon en nuestra frente desde el momento de asomarnos a la vida, y las preguntas.
Las reglas y métodos pueden quedar pequeños u obsoletos. Resultar un cumulo de palabras sin espíritu que no proporcionan ayuda sino lo contrario. Los tópicos se disuelven y la lucha continúa.
En estas batallas hemos perdido infinidad de años. En general nos faltarían treinta años más de vida, quizá, para completar el ciclo cerebral de una existencia y, a lo mejor, llegar a alguna conclusión.
Hasta el presente, contábamos con la experiencia y el pensamiento de algunos mortales que contaron con una inteligencia preclara y que nos legaron conocimiento, sabiduría y pensamientos donde poder bucear y recibir, si no la luz absoluta, si algún tipo de bálsamo intelectual: Filósofos, artistas, escritores, descubridores, investigadores, científicos, inventores, sabios en los más diversos campos…
Pensaron por nosotros y nos dieron una “cartilla” básica donde aprender o desaprender lo necesario para alimentar el espíritu, que al igual que el cuerpo, también siente hambre.
Pero en nuestro preciado siglo, se retiran asignaturas de Humanidades en los estudios, se destierra también del conocimiento de los jóvenes la ética y la parte digna de la religión, es decir materias que ayudarían a conocer y justificar valores que para algunos, son absolutamente desconocidos.
A trompicones la humanidad alcanza el tan esperado siglo XXI, entre guerras, atentados, pandemias, muertes, emergen los ordenadores y los móviles, estos últimos, los más peligrosos artículos para un puñado de despistados, como somos todos. La comunicación es ahora instantánea. Cualquier noticia es seguida casi en el momento. Se sabe todo en el acto y cualquier estupidez que salga del caletre de un político o pseudo político, llega instantáneamente a esas miríadas de cabezas agachadas sobre sus móviles.
La gente ya no conversa mirándose a los ojos. El Wasap es la herramienta estrella. Las redes sociales, esos sitios llenos de trolls y perfiles falsos pagados donde las estupideces, mentiras y situaciones obscenas son mil veces contempladas, marcadas con corazoncitos o caritas de gusto o disgusto con más millones de respuestas cuanto más estúpido es el concepto; y más ignoradas cuanto menos cubren la necesidad inmediata del cotilleo o del escándalo.
El humano actual necesita de imágenes para consumir. Cuanto más impactantes mejor. Nada que provoque el pensamiento, que no es que se haya llevado mucho antes, pero que, en el presente, no se considera en la nueva anormalidad de convivencia.
No nos interesan las ideas o las “filosofancias”. Queremos frases, y que sean cortas: cuanto más vulgares, estúpidas, escandalosas, cretinas, mejor, porque así podemos insultar o al menos calificar con las ridículas caritas nuestra elevada insatisfacción momentánea.
Y para ello contamos con un campo inagotable de anormalidades que es el terreno político y de la información, donde surgen flores cada vez más carnívoras, estultas, paranoicas y psicopáticas.
Quienes deberían ser una muestra de equidad, equilibrio, razón y cultura nos escupen a la cara diariamente frases no solo ignaras, sino en muchas ocasiones, canallescas.
Los escándalos políticos de los que bastaría uno solo para defenestrar reputaciones y provocar la caída de un gobierno, se suceden uno tras otro, tapando el anterior y dejando en agua de borrajas la estulticia de ayer pues es preciso atender a la de hoy y esperar a la de mañana para echarse las manos a la cabeza y que la “noticia” alcance el abismo de la nube con miles de caritas molestas e insultos, sin otra consecuencia.
El escándalo vende, pero nada más. ¿Soluciones?… ¡No hay!… No interesan. La podredumbre de mañana cubrirá la de hoy: Una frase basura, como la de alguna colaboradora podemita: Beni, defendiendo la inocencia de violadores magrebíes “porque son sus costumbres”, provocará algún mal de estómago, pero será enseguida sustituida por otra memez de feminista subvencionada o foto en modo ñoño, tipo Sissi emperatriz, de la ministra de Igualdad, por ejemplo. Si no es algún escándalo nuevo del grupo morado o la maniobra del señor ese que vive en la Moncloa, para tapar las acciones de su “mafiosa” organización de gente cuya mejor arma es la traición.
el señor ese que vive en la Moncloa. Ilustración de Tano
el señor ese que vive en la Moncloa. Ilustración de Tano

«Sigamos regalando nuestra atención y señalando nuestra opinión por miles con caritas, aunque sean enfadadas, a estos cenutrios papanatas»

Sigamos regalando nuestra atención y señalando nuestra opinión por miles con caritas, aunque sean enfadadas, a estos cenutrios y no recibiremos más que papanatismo. La atención inmerecida a cualquier barbaridad que diga un indocumentado es la responsable de que todos ellos estén ahí, ocupando el lugar que correspondería a la razón, la elegancia, la educación, el respeto, la belleza… y todos los conceptos buenos que ustedes quieran añadir.
Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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