Conversaciones en el andamio: El chino Juan y el silencio escénico. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio de tano: El chino Juan
Conversaciones en el andamio de tano: El chino Juan

«El chino Juan me mira, se lo piensa y mueve un poco la mano abierta, así como de abajo a arriba con el dedo índice tieso y el meñique de la uña larga»

No les pillara de sorpresa que les hable del chino Juan, y tampoco hace falta que les diga que no se llama así. Vale, pues una vez aclarado la cuestión les comentaré que se llama Xuang, que no sé lo que significará, ni me interesa pero es que por el cachondeo popular madrileño todos son rebautizados como Juan, lo cual según me contó en su día les agrada ya que ante todo les preocupa integrarse sin hacerlo. Ya me entienden…

Esperaba la ocasión para dedicarle unas líneas cuando realmente me hiciera falta aún sabiendo que probablemente no quede satisfecho, pero es que somos masoquistas…

-¡Hola Juan! Buenos días…

Silencio escénico.

Vamos a ver: pasillo de oficina, juguetes, bazar, cocina, electro, calcetines, medias de señora, bragas, sujetadores y calzoncillos (en cinco metros).

-¡Hooombre! ”Calvin Cleaving”

Colonias…

-¡Mira esta es nueva! ”Titto Boch”.

Gafas…

-”Ferarri”, ¡Juaaaan! Estas que te sales macho, que surtido. ¿Dónde tienes el pegamento?

Me mira, se lo piensa y mueve un poco la mano abierta, así como de abajo a arriba con el dedo índice tieso y el meñique de la uña larga, casi al mismo nivel sin dejar de atender al móvil, mientras ve series de continuo como Pablo Iglesias, por lo tanto ¿Juan será progresista? Bueno venga, que me despisto…

-Esto es atención al cliente y lo demás son tonterías ¡Anda, banderas! ¿Pero esto qué es, una bandera republicana con el Águila de Franco?

Foto al canto, la dejo como estaba y “pal” WhatsApp susurrando inconscientemente o no, el “cara al sol”, ya puestos y mientras se me queda mirando una pánfila con el pañuelo saharaui al pescuezo como el que lleva el vago de la UGT.

-¡Si pan, 5 minuto!

-¡Vale! Le gritó desde el fondo sur.

Enchufes, cojines gigantes para acariciarlos quedando la marca de los dedos como si del lomo de un “perrete” se tratara, pesas de gimnasio, fertilizantes para plantas.

-¡Tienes un fluorescente fundido “tío”, esto parece una cueva!

Menos mal que avisé a la familia antes de entrar, no sea que la tienda me engulla como la ballena a Jonás. Si al menos me sirviera para conducir a regañadientes la España depravada al arrepentimiento, como hizo el otro con la ciudad de Nínive…

-¡Ya, ya, mañana cambia!

-Tu mismo, pero creo que está así desde que abriste, le contesto mirando a cámara como un actor de incógnito. Fin de trayecto, pegamentos de doscientas clases, vamos a ver; “LordTiten” este es. ¡Arreando…!

-1,50€ valiendo que es gerundio…

-¿Pan?

– Si, perdona, que sepas que la pánfila del pañuelo te está robando…

-2,10 “eulo”, ya, ya. Esa, no salí sin pagal, yo veo…

-Vale Juan, veo que lo tienes todo controlado ¿Qué, cómo va la cosa?

-Que cosa…

-Hombre, pues las ventas, el covid, la familia…

-Todo bien.

-¿Vais a volver a cerrar?

-No. Todo bien, “a_hola” bueno. ¡Atrás muy maaal!

-¿Muy mal aquí o allí?

Silencio escénico.

Sale su mujer y le grita no se qué.

-Sabéis más que los ratones coloraos…

-¿Bandera no?

-Noooo… ¿Bandera no? No te jode (pienso pa’ mis adentros…).

Silencio escénico…

En fin, miro y saludo al gato dorado haciendo el saludo fascista de la buena suerte y al “chinorris” por el retrovisor gigante de la derecha y salgo ileso al exterior cegado por la luz cegadora anticapitalista del mundo exterior, como si estuviera por fin en otra dimensión cual vomitado en la orilla por la dichosa ballena con mi pegamento y mi barra de pan, muy contento por el deber cumplido al haber delatado a una ladrona progresista al NOM chino camuflado en forma de Juan. Qué más puedo pedir…

Me bajo el bozal como protesta reaccionaria, negacionista y terraplanista a la barbilla, para así coger algo de aire viciado a causa del cambio climático que nos provocará una muerte atroz en breve y como si de una prueba de pista americana con fuego real, tiro para casa cruzando por la calle cortada por cien vallas de Florentino Pérez puestas por Almeida, para que la gente salga a pasear pero poco, ya que hay que hacer auto confinamiento responsable como nos manda nuestro querido alcalde siguiendo instrucciones del Gobierno para que esquivemos al virus en estado aerosol de micra…

-¡Diooos! El que faltaba…

Don Vitorino “el rojillo” viene a lo lejos por la izquierda y ¡Cojea! ¿Será por lo de Bildu? Está claro, hago mutis por la derecha como debe ser y ya si eso, le pregunto otro día…

¡Vamos!

21 de noviembre, San Gelasio.

***

 

FranciscoGómezValencia.Politologo

Nota: Ayer “20-N” dicen en “La Gacetilla de Tu Barrio” (LGTB, que hasta para eso son poco originales) que vieron a Franco paseando por la Gran Vía de Madrid saltándose el toque de queda y enseñando el culo a los barrenderos, ahí lo dejo para el que lo quiera recoger, que con tanto nostálgico del Frente popular divulgando noticias falsas desde el nuevo y reluciente Ministerio de la Verdad, cualquiera sabe…

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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