Los Derechos Humanos, la Cruz de los cristianos y los comunistas. Por José Crespo

Los Derechos Humanos, la Cruz de los cristianos y los comunistas.
Los Derechos Humanos, la Cruz de los cristianos y los comunistas.

«Esos cínicos que ahora se adueñan de la palabra democracia deberían leer, aprender, interiorizar y respetar el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos»

Todos sabemos que el comunismo y en general la izquierda servil y utilitarista de esa secta dominadora son los principales enemigos del Cristianismo, no digo de las religiones pues les escuchamos hablar de ‘hermanos’ para referirse a la secta de la intransigencia.
Lo que viene ocurriendo en España desde hace años, con el silencio de la derechita cobarde, es un ataque directo a lo más profundo de nuestras raíces cristianas para imponer el nuevo localismo, el nuevo orden que llama fascista al que no sigue sus credos.
Recuerdo cómo hace unos meses derribaron un hermoso cruceiro ubicado junto a la Plaza Mayor de Madrid bajo el democrático golpe de una almádena. La izquierda a través de sus cañerías desinformativas vomitaron que «Lo del cruceiro fue una gamberrada» afirmando que con ello se desmontaba la teoría conspiratoria de Ayuso de que realmente era un ataque a la religión, religión cristiana concretamente.
El medio ‘amigo’ abundaba en que «todo apunta a que el derribo del cruceiro de la plaza Jacinto Benavente de Madrid fue una imprudencia, no un acto de odio anticristiano» y se quedó tan ancho obviando que es un ataque directo a los Derechos Humanos recogidos en la Carta de las Naciones Unidas.
Yo me pregunto, entonces ¿Cómo se puede calificar lo ocurrido a la Cruz ubicada junto al convento de las carmelitas de Aguilar de la Frontera a manos del consistorio comunista? Recuerdo hace unos años mientras vivía en El Pardo, cómo lloraban las monjas de clausura cuando fui a recoger a mi hija pequeña al convento de las franciscanas.
El motivo… hacían reformas en el colegio público, donde por lo visto molestaban los crucifijos en las aulas a instancias de dos o tres alumnos de «la religión de paz».  Uno de los obreros se acercó al convento, llamó a la puerta llevando un crucifijo en la mano y les dijo señalando un contenedor de basura: 《Ahí tienen más de estos por si los quieren》… No se dignaron a llevárselos todos, aquel monstruo se regodeó en su momento de gloria verdaderamente satánica.
Tras la caída del muro vemos como tierras, campos y cruces de caminos de Polonia, Hungría, Croacia, Serbia e incluso Rusia y el Cáucaso como Georgia y Armenia, proa de Europa frente a la intransigencia islámica, se llenan de cruces.
Todas las personas profesas de esa ideología sectaria, intransigente y aniquilador de la libertad como es el comunismo deberían visitar esas tierras, presenciar sus procesiones, romerías y actos públicos de culto. Hoy un amigo me escribe y me recuerda a la actual República de Moldavia.
Para las víctimas de la mala formación académica española les recuerdo que Moldavia, antigua república socialista soviética, es una pequeña nación situada entre Rumanía y Ucrania, bañada por los ríos Dniéster y Prut que también sirven de frontera.
Durante los pocas décadas transcurridas desde que Moldavia se independizó de la URSS en 1991, los moldavos, al igual que en muchos estados liberados de la garra comunista, han erigido cientos de Cruces por todas las ciudades, pueblos y cruces de caminos y carreteras, con la particularidad de que al lado de cada Cruz, Jesucristo está acompañado por las esculturas de la Virgen María y San Juan Evangelista.
De la misma manera, esos cínicos que ahora se adueñan de la palabra democracia deberían leer, aprender, interiorizar y respetar el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948, cuyo artículo 18 dice de forma clara: Toda persona tiene el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia》.
José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Historia. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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