Del precio de las cosas, el almacenamiento y el intervencionismo. Por Luis Bully

Del precio de las cosas, el almacenamiento y el intervencionismo. En imagen el silo de Guadalajara
Del precio de las cosas, el almacenamiento y el intervencionismo. En imagen el silo de Guadalajara

“No estoy a favor del intervencionismo en los precios, pero estoy a favor del almacenamiento. Por desgracia sé lo que son las buenas y malas cosechas”

Voy a hablar de una de esas cosas tediosas y sin importancia de las que la gente suele escapar.

Supongo que alguna vez, alguno de quienes a pesar de mi aviso han seguido leyendo, ha acudido a un establecimiento a buscar un artículo, o a un taller a realizar una reparación en el vehículo, y se ha encontrado con que no tienen tal artículo o tal pieza. Los responsables le habrán dicho que la tendrán en un par de días, cuatro a lo más tardar.

En la mayoría de los casos así es, por paquetería urgente los artículos van y vienen en cuestión de horas. A veces no, a veces tardan semanas.

Antes no solían ocurrir estas cosas, antes, en cualquier taller y en la inmensa mayoría de los negocios de venta de productos textiles, industriales, menaje… Había un almacén repleto de referencias. Antes de que un producto se agotase, se realizaba el pertinente pedido y se reponía.

Esto conllevaba determinados problemas. Por ejemplo, había que tener inmovilizada una cierta cantidad de dinero, los artículos que quedaban obsoletos o perdían atractivo ya no se vendían, hacía falta espacio e incluso personal, se necesitaban orden y control de las existencias, etc, etc. Pero lo más importante era el aspecto económico, el monto de los recursos allí aparcados en espera de venta.

Con la evolución y abaratamiento de los servicios de transporte por un lado, y el cambio del concepto de negocio, se evolucionó hacia un sistema que en principio podría resultar más eficaz y rentable.

Los vendedores al detall no disponen de existencias y cuando necesitan un producto lo reclaman a un almacén centralizado que dispone de un stock mínimo o que a su vez lo reclama a otro almacén o a la fábrica. Un día, dos, tres. Perfecto.

El problema llega cuando no hay piezas o artículos en los almacenes e incluso en la fábrica, pues en cada nivel de la cadena se han ido reduciendo los almacenajes. Y más aún cuando el artículo es de gran necesidad.

A lo dicho hay que sumar la posibilidad de los artículos que se producen bajo demanda.
Este sistema precisa de un correcto funcionamiento de cada pieza, de cada factor, de cada agente. Si todo va bien es rentable para el vendedor y el fabricante, para el comprador final no tanto, pues el coste del producto se encarece, pudiendo llegar a duplicarse. Esas cosas de los márgenes, impuestos y otras zarandajas, ya saben. Además, imaginen una cosechadora o una lavadora paradas durante diez o quince días. Una faena ¿ Verdad ?

Imaginemos ahora que este sistema fallase en un asunto de extrema gravedad. Por ejemplo, en un caso imposible de ocurrir, fruto de mi calenturienta mente. Mascarillas y guantes quirúrgicos.

Estarán de acuerdo conmigo en que es del todo imposible que en un país industrializado, eficiente y con buenas infraestructuras, se pudiera producir una total escasez de esos productos habida cuenta de su imprescindibilidad. Y más si quién debe de velar por la salud y gestiona la sanidad, es el Estado. Tonterías mías ¿ Verdad ?

Antes de seguir hacia donde me gustaría llegar, voy a proponer otra suposición.

Supongamos que las diferentes administraciones toman decisiones lesivas para los intereses de determinadas empresas que se dedican a la producción de determinados productos, y que estas empresas deciden no seguir fabricando o produciendo en el territorio nacional. Otra gran idiotez, ¿ Verdad ? Porque es imposible que sea más rentable fabricar en China que en España. China está en el otro extremo del Mundo.

Suposiciones sin sentido. Meras ocurrencias provocadas por el aburrimiento.

Y ahora vamos al meollo.

Tenemos claro, todos nosotros, nuestros gobernantes los primeros, que hoy, en pleno siglo XXI, no es posible que se produzca una crisis, una catástrofe, de gran magnitud. ¿ No ?
Tenemos por cierto que nada puede provocar un desabastecimiento de alimentos, por ejemplo. Si no es posible que falten mascarillas, guantes, jeringuillas… Tampoco será posible que falte harina para hacer pan, ni verdura para la sopa, ni pienso para el ganado. ¿ A que no es posible ? No sé para qué hablo de estas cosas si nada es posible.

En el año 1971, a través del Decreto/ley 17/1971, uno de los hoy denostados Gobierno de España de aquel momento, tomó la decisión de aprobar un organismo del que tal vez alguno de ustedes haya oído hablar, el SENPA, Servicio Nacional de Productos Agrarios. Organismo dependiente del Ministerio de Agricultura. Vino a suceder al Servicio Nacional de Cereales, sucesor a su vez del Servicio Nacional del Trigo.

El Servicio Nacional del Trigo supuso un desastre para los productores, pues los agricultores estaban obligados a sembrar por cuota y a vender el trigo al estado a un precio tasado incluso por debajo del precio de producción. Pero el estado se aseguraba de que hubiera existencias de un producto básico. La posguerra exigía que la gente tuviera alimentos a su disposición.  Es muy curioso que éstas intervenciones del mercado y la producción se pongan en práctica por distintas ideologías.

La intervención del precio es muy ineficiente, empobrece al productor, limita la producción y crea figuras como la del estraperlista.

El SENPA disponía de una red de edificaciones destinadas al almacenamiento de productos agrarios y sus derivados. En el caso de los cereales, los famosos silos que aún podemos ver en muchos pueblos. Los precios estaban intervenidos y este organismo los regulaba y limitaba.

Debido a una serie de acontecimientos y circunstancias, entre las que aparecen las Comunidades Autónomas – cómo no – y la entrada en el Mercado Común Europeo, se decide la supresión de este organismo por Real Decreto 2205/1995.

Desde entonces, el almacenamiento corresponde a las iniciativas privadas y a las decisiones de la Comisión Europea en cuanto al impulso y subvención de dichas iniciativas.

Los silos se cerraron. Algunos se enajenaron, otros se alquilaron. Podían haberse mantenido a la espera de acontecimientos, se podía haber permitido el almacenamiento gratuito o a bajo coste, pero ya saben ustedes que a la administración no le gusta emplear dineros en cosas poco útiles, le gusta gestionarlos bien y no despilfarrar.

Además, habiendo barcos, camiones, almacenistas privados, productores en terceros países, y muchas cosas más, para qué almacenar trigo, avena, maíz, cebada.

Sabemos a ciencia cierta que no se producirán ni sequías, ni inundaciones, ni pandemias, ni terremotos, ni nada de nada.

Espero que alguien tenga a bien pensar sobre estas inverosímiles posibilidades.

No estoy a favor de la intervención de precios, pero estoy a favor del almacenamiento. Por desgracia sé lo que son las buenas y malas cosechas, eso de los años de vacas gordas y los años de vacas flacas.

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

Artículos recomendados

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: