Van a lo que van y al pueblo que le den. Por Rodolfo Arévalo

Van a lo que van y al pueblo que le den.
Van a lo que van y al pueblo que le den.

«Van a lo que van, conseguir el mayor número posible de escaños para colocar en un sueldo  bueno a sus diputados y al pueblo que le den»

¿Queda algún partido al que los votantes puedan creer? Lo dudo mucho. La mayor parte de ellos van a lo que van, conseguir el mayor número posible de escaños para colocar en un sueldo bastante bueno a sus diputados, pero solo a aquellos que repitan como papagayos los síes y noes acordados previamente en las votaciones. Que no, que no se permite el pensamiento individual, hasta ahí podríamos llegar, ¡no se le permite a los ciudadanos!, ¡se le va a permitir a la recua de elegidos bajo las siglas de un partido al mando de un “portentoso líder”! ¡No, no puede ser! Aquí en el hemicirco, se vota lo que el partido haya decidido, no hay sitio para el independiente, el payaso o el díscolo.

Pues menuda mierda digo yo. Eso se llamará democracia, (permítanme que lo dude mucho), pero desde luego, no es libertad. Tampoco es democracia y menos libertad las decisiones tránsfugas, porque si alguien se presenta por unas listas con un programa, debe defenderlo, y eso caiga quién caiga, aunque sea uno mismo. El programa es sagrado, porque es el referente del votante. Sino, parece que has votado a la ruleta.

Todo esto me demuestra que aquí la verdad, la intención política y el planteamiento decente de cualquier político no es más que una burda burla constante a los votantes. Una democracia liberal y libre, que se basa en la aceptación y cumplimiento de unas bases legales recogidas en esa carta magna no puede estar construida, bajo directrices inapelables de grupos políticos, por muy votados en grupo que estos sean, sino por las normas escritas en sus artículos, con respecto a los temas de que se trate.

El primero de ellos debiera ser el respeto a las formulas de juramento de los cargos. No se puede jurar por ningún imperativo legal pues debería, el propio que lo haga, quedar inmediatamente excluido y expulsado del escaño. Tonterías las justas. Pero con esta juerga “diputativa” se acababa con listas abiertas, con las que los votantes pudieran decidir libremente qué candidatos se colocan en los escaños, independientemente del puesto que ocupen en la candidatura. ¡Listas abiertas!, ¿cuánto listillo quedaría fuera de ser así, muchos seguro. Pero es que aquí en España somos burros hasta para un asunto tan simple como este.

Seguro que muchos votantes , careciendo de listas cerradas, votarían a pinto pinto gorgorito. Los intereses, para poder escalar en un partido determinado, son los que son y suelen ser los que le interesan a la jefatura máxima, que solo podría ser desbancada en un congreso de ese partido. ¿Por qué? No lo sé, pero la decisión de contar con ciertas personas en una candidatura debería quedar aún con el personal electo, no solo en entredicho, sino a la merced de los afiliados. Si alguna persona no actúa en relación a lo que quieren sus votantes, debería ser inmediatamente removido de su condición en el partido y en el propio Hemicirco. Y digo hemicirco porque es lo que hay y conozco más de cerca en España que es donde voto y vivo.

Jamás pensé cuando en el setenta y ocho voté la Constitución, que ésta en solo cuarenta años después pudiera ser prostituida por individuos sin oficio ni beneficio, sin cultura, y lo que es peor sin señoría, poso y porte suficiente como para estar por encima de sus electores. Resulta penoso ver la incultura de muchos de nuestros representantes; no es que no sepan hacer la o con un canuto, es que ni siquiera saben que es la o. O solo usan ese saber para conseguir sus propias metas y no las de los votantes. Conozco gente, que como cualquier político de la transición, y no digamos de otros lares, les dan varias pasaditas intelectualmente y en saber a los nuestros, sin irme muy lejos, véase simplemente a Merkel, para hacerse una idea. Ya no digo Churchill, o De Gaulle u otros incluso Manuel Fraga Iribarne, Calvo Sotelo o sin ir más lejos incluso Felipe González.

Lo que es penoso, de verdad, es como ha caído el nivel cultural e intelectual entre nuestros políticos. Antes cualquiera de ellos que se preciara tenía una carrera mínimo o dos si una les parece poca, pero también tenían interés personal por saber y hacerse más humano con el conocimiento. Nunca aquellos tuvieron que recurrir a un mapamundi para saber que Sierra Leona es un país africano cuya capital es Free Town. Tampoco que les dijeran de que siglos eran algunos personajes históricos para no confundirlos con franquistas, porque al final todo nombre que no te suene de nada ¡es un franquista seguro! Menuda panda de hijos de puta esos franquistas del siglo dieciocho, los que combatieron en Filipinas y en Cuba u otros lugares que un día formaron parte de una patria grande y libre.

Ahora no, eso es imperialista, asqueroso, como el imperio romano o así… vaya usted a saber. Todo lo que suena a imperio o amperio que a veces lucha contra Paca huele a guarra de las galaxias y eso para algunos políticos, que lo más que han leído son tebeos y juegan a todo tipo de videojuegos, les queda muy aparte. Por eso cuando vienen mociones de censura me echo a temblar, porque las mociones de censura se hacen para ofrecer una alternativa de gobierno con un programa político serio y no simplemente para la pataleta “quítate tu que me pongo yo”, que suele ser lo real. Pero da igual si eres tu u otro cualquiera. Sin no tienes un De Gaulle o un Abascal, o una Ayuso, o una Cayetana en tus filas, da igual, coges al primer incauto que pase por delante del congreso, que mira por dónde era más inteligente que todos los que estaban dentro y lo pones de presidente del gobierno. Sorpresa a lo peor lo hace cien veces mejor que cualquier presidente de la democracia… Vaya usted a saber.

Y lo digo por una razón muy sencilla, porque el sentido común a veces basta para hacer las cosas bien, no hace falta mucho más. Por eso mi pregunta inicial: ¿Queda algún partido al que los votantes puedan creer? Lo dudo mucho. La mayor parte de ellos van a lo que van, conseguir el mayor número posible de escaños para colocar en un sueldo bastante bueno a sus diputados, pero solo a aquellos que repitan como papagayos los síes y noes acordados previamente en las votaciones. Al pueblo…¡Al pueblo que le den!, Bastante tienen con poder votar… Cada cuatro años.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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