Nos toman por tontos y a lo mejor están acertados. por Luis Bully

Nos toman por tontos y a lo mejor están acertados
Nos toman por tontos y a lo mejor están acertados

“La mayoría de los españoles, nos dicen, consumimos energía sin necesidad y derrotamos recursos. Nos toman por tontos y a lo mejor están acertados”

Hace unos minutos iba circulando sosegadamente con lo que ahora es una infernal máquina de producir contaminación, mi coche, por una carretera flanqueada por bellos campos de cultivos y pastizales adehesados, cuando en la radio han comenzado a hablar de la inminente entrada en vigor de la nueva regulación de las tarifas eléctricas y de la futura implantación del sistema de peajes en vías rápidas. Estos asuntos no me han pillado de improviso, hace días que se viene hablando de ellos, pero sí me han sorprendido los motivos aducidos por el Gobierno para imponerlos, especialmente el tema de la regulación horaria del consumo eléctrico.

Parece ser que a la mayoría de los españoles nos resulta muy económica la llamada factura de la luz, y consumimos energía sin necesidad y derrotamos recursos.

En mi caso, la calefacción es eléctrica e individual, la cocina también, el agua caliente se calienta en un termo eléctrico. Además, como trabajo en el campo y estoy sujeto a los obligados cambios de hora que marca el Gobierno, en invierno me veo obligado a reducir mi jornada y encerrarme en casa a las siete, y desde dentro de unos días tendré que plantearme seguir encendiendo la luz, prender unas velas y contribuir aún más a mi daño individual al planeta, o meterme en la cama y dejar pasar las horas. Un verdadero dilema.

En donde vivo, los inviernos son muy fríos, y es difícil y complicado vivir sin calefacción. También resulta difícil vivir a oscuras durante una parte importante del día. De no lavarte o hacerlo con agua fría para no utilizarla caliente ni les cuento. Pero todo da igual, estamos en el tiempo de la verdad ambientalista.

Esa verdad que me quieren imponer es que soy un derrochador.

Y pensando en este y otros asuntos relacionados, como son la resiliencia, la transversalidad, la digitalización, la sostenibilidad, la transición ecológica y demás zarandajas, he llegado a la conclusión de que soy un enemigo del sistema.

Derrocho energía eléctrica, me desplazo y trabajo con gasóleo, crío ganado rumiante, produzco y consumo carne, me visto con ropa, leo libros, utilizo caminos y carreteras, en los pies calzo calzado manufacturado, escribo con lápices de grafito y bolígrafos de tinta, soy usuario de la sanidad pública y pretendo atención personal y presencial, bebo agua y vino, consumo leche y lácteos…

Todo lo que hago, de una forma u otra, perjudica al medio ambiente y propicia el calentamiento global.

Hay quien dice que deberíamos regresar a los tiempos en que el ser humano vestía con pieles y taparrabos, pero las pieles hay que obtenerlas de animales que hay que cazar, las pinturas en las paredes de las cuevas degradan la superficie rocosa, las hogueras generan humo y se alimentan de madera…

Menuda encrucijada filosófica, se trata de seguir viviendo y seguir perjudicando, o morir de forma voluntaria y pasar a formar parte de la cadena trófica hasta desaparecer como persona e integrarse en el sustrato terrestre.

Y luego, además, está el asunto del uso de las carreteras. Parece ser que las vías de comunicación dañaron la superficie terrestre y consumieron importantes recursos durante su construcción. Fueron pagadas con los impuestos aplicados al producto obtenido con el sudor y esfuerzo de los españoles, pero por lo visto no fue suficiente.

La mayoría de las que yo utilizo presentan un estado de conservación lamentable y nadie tiene intención de repararlas adecuadamente, pero hay que pagar por utilizarlas para resarcir a la Madre Tierra del daño causado.

Si tienes que hacerte cincuenta o doscientos kilómetros diarios de ida y otros tantos de vuelta, para ir a trabajar, tienes que pagar. Del impuesto de matriculación y del de vehículos de tracción mecánica no digas nada, ni de las multas de tráfico, ni de cualquier otra cosa, pagas y te lo quitas de comer berberechos y beber cervezas.

Dicen que hay un cohete chino en caída libre que se dispone a atravesar la atmósfera terrestre y que caerá en algún punto del planeta. Punto hoy por hoy, indeterminado, no especificado, o qué tal vez no han querido comunicarnos para no crear más temor. Hay que ver que buenos son todos, como se preocupan de los ignorantes mortales que andamos correteando como pollitos de una semana por doquier, en busca de pequeños granos y hormigas con las que nutrirnos.

Y hablando de hormigas… Que ya estamos en vías de sustituir los chuletones de añojo por grillos y libélulas, con lo bien que cantan los grillos y lo bien que vuelan las libélulas. Pero volviendo al asunto del cohete que en lugar de subir, baja, es decir, se cae. Resulta que sus propietarios, los chinos, esos que gobiernan en nombre del pueblo, para el pueblo y por el bien del pueblo, son de las mismas ideas sociales y progresistas que quienes nos gobiernan aquí, en España, y me llama poderosamente la atención que acaban de convertir a su país, ese que llaman República Popular de China, en el más contaminante y contaminado del Mundo.

Y al igual que ellos, rusos, norteamericanos, franceses, españoles, y otros muchos otros, hemos ido dejando basura y chatarra por esos lugares desde los que está cayendo el cohete, pero eso no importa.

Tampoco importan las aves, sobre todo las más grandes, las rapaces, que mueren al impactar contra las paletas o aspas de los aerogeneradores, o que habiendo sido capaces de sortearlas han sido atrapadas por las turbulencias que generan.

A un par de kilómetros de donde me encuentro ahora mismo, hay una instalación de producción eléctrica fotovoltaica, y en dirección opuesta, hay otras dos a una distancia algo mayor. En su día, cuando eran terrenos de cultivo, en fechas como estas, el verde brillaba en todo su esplendor. Las espigas de trigo se erguían orgullosas y llenas de vida. Los girasoles empezaban a estirar sus hojas. El rojo de las amapolas creaba una alfombra inmensa. Ahora solo hay cantos, hierros y cristal.

Cerca de aquí también hay una planta de generación eléctrica a partir de purines de cerdo. La construyó ENUSA, busquen en Google e infórmense de a qué se dedica si no lo saben. Junto a esa instalación, y propiedad de la misma empresa, hay una fábrica de pastillas cerámicas de combustible nuclear. Cuando era pequeño y se planeaba la construcción de esta fábrica hubo muchas manifestaciones en contra del proyecto. Seguro que alguno se acuerda de unas pegatinas amarillas con un sol naranja y un lema que decía “¿Nuclear? No, gracias”.
Íbamos a enfermar y morir todos. A los peces les saldrían nueve ojos; a los conejos, siete patas; la leche de las vacas sería fluorescente. Por más que he buscado una carpa con pezuñas en lugar de aletas, no la he encontrado. Vaya mala pata, de pobre no salgo.

Creo que me he extendido demasiado, y encima para no contar nada. Me he dejado en el tintero el asunto de los puros del ilustre Revilla. Nos toman por tontos y a lo mejor están acertados.

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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