«Personajes»… Por Francisco Gómez Valencia

 

A veces creo que nos gobiernan auténticos psicópatas
A veces creo que nos gobiernan auténticos psicópatas

 

«Se está gobernando vía Real Decreto ninguneando al Parlamento, y se está prostituyendo la democracia en su sentido más abstracto sin rubor»

La pandemia saca lo mejor y lo peor de todos nosotros y desde luego, es de bien nacido reconocer que en algún momento igual hasta no habremos estado acertados en el diagnóstico. Pero es que son dos años largos en los que los acontecimientos han resaltado la gran inmadurez de nuestra clase política demostrada a base de bandazos, llevados a cabo sin contemplaciones.

Supongo que no es de recibo recitar dichos aspavientos, fracasos, dimisiones, cambios de criterio y demás cuestiones. De hecho, les recomiendo reposadamente pensar en ello y ver hasta qué punto la situación nos ha superado a todos, aunque en esta ocasión nos centremos especialmente en la figura del político español y su utilidad. Animo a que alguien escriba un libro corto de esos a 18€…, lo titularía: “Personajes”, con una portada de tapa blanda con un par de banderas difusas; la española de todos, contra las autonómicas, o la republicana, o la de la UE, o la ONU, o yo que sé…

Si algo ha caracterizado a este periodo aun sin calificar por los historiadores, es el de la crispación a todos los niveles provocados sin ninguna duda por ellos; la clase política seguramente menos preparada que nunca. No saben defendernos y cuidarnos sin restringir derechos fundamentales. Sería motivo suficiente para pedir con pleno derecho la dimisión del Gobierno en bloque una vez se consiga la dichosa inmunidad de grupo, aprovechando que el Presidente se ha presentado voluntario para contar los días de cien a cero hasta entonces. Y no trataré su primera etapa en solitario porque me llevaría a pedir la derogación de la fórmula favorita de los totalitarios: la moción de censura; pero si comentaré sobre la segunda etapa legítima aunque duela reconocerlo, conseguida gracias a lo que las urnas dictaron.

En este periodo las decisiones son absolutamente políticas y además con un sesgo ideológico repugnante teniendo en cuenta que la salud pública está en cuestión. Se ha hecho negocio con las compras de material y no se ha investigado porque el poder ejecutivo y su mayoría lo han evitado. Se ha legislado sacando temas moralmente cuestionables, sin el debido consenso aprovechando el estado de alarma. Se está gobernando vía Real Decreto ninguneando al Parlamento, y se está prostituyendo la democracia en su sentido más abstracto sin rubor. Vivimos en una especie de teocracia donde una minoría de curillas denominados por ellos mismos progresistas, utilizando una neolengua ridícula propia de redimidos y acomplejados, provocan el sonrojo de quienes la comprendemos y criticamos, y el asombro de quienes no la entienden y dan por bueno lo que dicen. Explicar esto mismo, es de una complejidad tan enorme, que lo más fácil es ser tachado como “terraplanista”, “negacionista”, “disidente”, “fascista”, “libertario”, “tabernario” o hasta “nazi”.

Expresiones como: “los impuestos no se van a subir a las clases medias y trabajadoras. Y la razón de su incremento se debe a la recomendable progresividad de los mismos para avanzar en el proceso de armonización fiscal que este Gobierno ha marcado en su hoja de ruta desde el comienzo”, o…, “el incremento del IVA sobre las bebidas azucaradas se debe a la recomendable necesidad de educar comportamientos alimenticios erróneos y perjudiciales para la salud”, o…, «este Gobierno por responsabilidad sube el IVA por fin a los plásticos. Y estas medidas son tan demandadas y necesarias, para entre otras cosas favorecer y generar la disminución de costes sanitarios provocados por la contaminación que generan las conductas insolidarias”, o…, “finalmente no queda otra que incrementar el precio de los combustibles para provocar que se tenga más consideración por el medio ambiente”.

Es de cachondeo. Nos toman por tontos y además, están convencidos de que expresándolo de esa manera tan plateresca, al no comprenderlos, la población dará por buenas las subidas. Es decir, que cobrar peajes en las autovías en 2024 no será un impuesto. Motivo: 1º- porque la gestión no pertenece al Ministerio de Hacienda y 2º- porque: “el acto de grabar el consumo y el desgaste de las carreteras, se debe a la necesidad de repartir de forma responsable e individual la asunción de los costes de mantenimiento”. Algo por cierto ya amortizado y soportado vía impositiva a través de los presupuestos Generales del Estado. Pero… ¡Oh mama! Como la gestión pertenece al Ministerio de Transportes, no se trata de una subida impositiva. Ahí está el ENGAÑO, la CONFUSIÓN y además, la REPRESIÓN al regañar verbal y policialmente a la opinión pública, por no entenderlos, criticarlos o desobedecerlos. Estos son los tres ejes sobre lo que se sostiene el legal totalitarismo absolutista que nos gobierna actualmente.

Lo han dicho los técnicos de la Comisión Europea con la boca pequeña: el plan de reconstrucción es un “bluff” encuadernado en azul. Dos mil páginas llenas de paja, en las que no se hace ni una sola propuesta económica cuantificable en beneficios a corto y medio plazo. Son una sarta de parámetros planteados para tratar de acelerar la construcción de una nueva categoría social. España, para 2030, deberá ser uno de los nuevos países catalogados como “cubos de basura”, en construcción desde los atentados de los trenes, apoyado con el golpe institucional de Zapatero y a pleno rendimiento desde hace dos años con Sánchez, – en nuestro caso seremos el vertedero del sur – donde tirar, guardar, reciclar y gestionar políticamente, los residuos de la UE más avanzada y desarrollada. Y donde recoger sin rechistar la cuota sobrante de las dictaduras africanas cobrando organizadamente por ello, -como está pasando en Canarias -. Y como España, al ser algo residual ya contamina por sí misma, a cambio esa gestión será verde, digital y resiliente, fácilmente manejable desde Bruselas, como parte del experimento neomarxista que impera globalmente, aceptado con resignación por la UE, debido a su debilidad intrínseca por la fragmentación que sufre tras el ataque chino de carácter químico, financiero y comercial.

Personajes”…

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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