Yo acuso, historia de una injusticia. Por Antonio Ramírez

Yo acuso, historia de una injusticia
Yo acuso, historia de una injusticia

«Yo acuso demostró, sobre todo, que la pluma, las letras, pueden ser un gran enemigo frente al desvarío, sobre todo en tiempos de tribulación»

Este es el relato de un hecho real. Violenta, pero de gran poder literario, Emile Zola convierte en un clásico la denuncia sobre la injusticia recaída en la persona del capitán Dreyfus, del ejército francés por parte del Estado, el poder judicial, la Iglesia, los medios de comunicación y la propia opinión pública.

La condena por traición a Dreyfus, que Zola ve en buena parte fruto del perjuicio racial al ser judío el militar, subleva e indigna a quién años después fue considerado uno de los intelectuales más comprometidos y cuyo renombre internacional quedó para siempre. Emile Zola fue condenado a un año de prisión, hecho que suscitó reacciones desgarradas, pero su obra Yo acuso demostró, sobre todo, que la pluma, las letras, pueden ser un gran enemigo frente al desvarío, sobre todo en tiempos de tribulación.

Antonio Ramirez Velez

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma. Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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